30.7.08

Jueves


ODIOSO Y SUSTANCIAL DÍA ABURRIDO; REBOSANTE DE ACEFALÍAS Y DERROTEROS MISÓGINOS, TALES COMO QUIEN PROVOCA EN MI MENTE ESTA SIMPLE PROSA...

PUEDO PENSAR QUE NO ME HALLO, QUE MIS INVOCACIONES PERECEN EN EL SANTIAMÉN QUE ESBOZA MI DERRAME POÉTICO.

INHIBICIONES QUE JAMÁS LOGRARÉ CONTROLAR.

MI CONSCIENCIA HA MUERTO POR ERROR O POR ENCARGO... QUIEN LO SABE?

SIN EMBARGO, DE NADA SIRVEN LAS DISCULPAS AHORA Y DEVIENE MI OBERTURA, EN TEATRALIZACIÓN ABSURDA Y CONSECUENTE.

HUELE A FINAL ESTE INVIERNO, PUEDO SENTIRLO... NO CREO QUE DEBA CREER QUE LA CREACIÓN ES CONSECUENCIA DE ALGÚN TIPO DE CREDO.

BANCOS DE TRISTEZA QUE DECORAN LA RIBERA DEL POETA; HAN SIDO PROFANADOS Y ARROJAN LLANTOS A TRAVÉS DEL VIENTO QUE EMERGE DEL CLAMOR DE UN GRITO QUE ME PIDE PIEDAD.
ESE SEGUNDO QUE IMPLICA NO SABER HACIA DONDE IR... OBRA DE INNOCUOS JUGLARES... EN MILES DE DIRECCIONES, ME VOY DESPIDIENDO LENTAMENTE.

29.7.08

BORGES


PRESENCIA DESPECHADA QUE ENTIERRA, MILAGROSA, A LA NOCHE... UN NO VIDENTE ABOCADO A SEMBRAR INCERTIDUMBRES, PARA ELUCUBRAR REFLEXIONES EN UN ESPEJO QUE DESAPARECE EN SU PROPIO ESPACIO .

CAUTIVO DE TU PROPIO LABERINTO; TIRANO DE EPÍTETOS QUE IBAN ALEJÁNDOTE DE LO TERRENO.

DUEÑO-OKUPA DE UN ALEPH QUE VOMITABA IRONÍAS...

UNIVERSOS QUE CABÍAN EN TUS MANOS, LAS DEL ETERNO CREADOR DE UNIVERSOS.

PALERMO, GINEBRA Y ALEJANDRÍA.

LAS LETRAS SUBORDINADAS A TU VOLUNTAD DE EMBELLECER Y DEMONIZAR LAS ACIAGAS VICISITUDES QUE TU PROPIA EXISTENCIA TE REGALABA.

TREPIDAR

SACRILEGIOS

PRESAGIOS

INVESTIDURA...

LA GENIALIDAD DE TU AUSENCIA.

28.7.08

Dicotomía


PERMANECER EN UN VIENTRE HASTA SER LIBRE Y VOLVER A PERDER LA LIBERTAD; COMO EXACERBANDO EL SINIESTRO PLAN DE UN ALGUIEN QUE FINIQUITA MI CONSCIENCIA...

UNA GRAN ESFERA QUE DECLAMA ANTE MIS OJOS, EN UN TEMPLO QUE ATARDECE TARDE... LA NACIENTE FRIVOLIDAD DE UN SER QUE SE HARÁ UN ERA CUANDO QUIERA SER.

PLAYAS, COLINAS, MONTES... LLUVIAS, OCASOS Y VIENTOS.

MANOS QUE DIBUJAN POESÍA Y LA UBICAN EN TU VOZ, PARA LA POSTERIDAD...

UN AMOR QUE ESPERA EN ALGÚN RINCÓN, DOS BOCAS QUE QUIEREN NOVIAR HASTA ENMUDECER, TRES MOMENTOS QUE DURA UNA VIDA, CUATRO MELODÍAS QUE TE ADORNAN COMO CANCIÓN... PUNTOS CARDINALES DE ESA MUSA QUE ATRAVIESA TU ETÉREA MIRADA.

CREMAR CADA BESO TUYO HASTA TRANSFORMARLO EN EL MÁS INFINITO RECUERDO PRESENTE...

TODO LO DEMÁS ES ELLA Y UNA TARDE DE ABRIL.

27.7.08

Trilogía optimística (momentos, vivencias y cristalizaciones)




Con alma y muerte

Temprano. Once de la mañana en Morón, era el momento de sentarse y hablar de frente, aunque las consecuencias fuesen estrepitosas. No iba con la idea de detenerme a pensar si ocurriría algo positivo, ni siquiera se me cruzó su posible presencia.
Ya había transcurrido un lapso, desde la última vez; que dicho sea de paso, me enteré que no fue una despedida, sino más bien un despido a la fuerza. En fin, jamás comprenderé los porqué. A gatas, comprendo mi dolor permanente y lacerante...
De cualquier modo fui y no dudé un segundo en hacerlo, pues ya era demasiado recurrente el recuerdo, y no resultaba para nada cómodo.
El día anterior, al salir del trabajo, llamé por teléfono a su casa para confirmar un encuentro que se venía postergando por diferentes causas. Si no eran los exámenes, era el trabajo, o la falta de ganas o lo que fuere, pero jamás se concretaba. Entendiendo que era absurdo pensar en el pasado, accedí al fin a la ansiada conversación. Lo hice sabiendo que después de la charla, ya no formaría parte de mis cosas. No obstante, en mi cabeza rondaba la idea de oír posibles verdades, molestas y despiadadas.
Llegué casi en punto, y ahí se encontraban ambas: madre e hija. Estaban sentadas en las coquetonas mesas del bar donde habíamos pactado el encuentro. Entré sin bajar la mirada, pues jamás fue mi estilo hacerlo así; saludé con elocuencia y galantería. Me sentía en ese momento: observado, anónimo, lejos de su piel. Pero no sentía lo que en algún momento me engañó, era sumamente importante superar esa prueba de fuego, y pude hacerlo.
Al comenzar a hablar noté cierto sarcasmo en su mirada, me atropellaba con cada termino, tal vez pretendía dejarme trepidante con su retórica pusilánime, pues ella no sabía lo que era la poesía, y menos aún, lo que significaba la expresión poética. Su vida había transcurrido en el inmenso jardín de su mansión de pacotilla.
Nunca tuvimos una charla sin conflictos, la duda de seguir o no, fue siempre una constante que no podré explicar, a pesar de reflexionar con frecuencia respecto a ello; no me inmutaban sus dardos, de hecho ninguno acertó el tiro de gracia, estaba seguro de mí, hacia tiempo que no me encontraba tan fuerte anímicamente, sus permanentes ataques eran como una gota cayendo sobre una roca caliente. Trató de llevar a cabo su objetivo y, sin embargo, falló. Sus posibilidades eran nulas respecto a mi colosal grandeza, muy omnipresente en ese momento.
Nos habíamos conocido hacia un tiempo atrás, yo buscaba aniquilar mis tormentos otoñales; ella un hombre que la fecundara con romanticismos estúpidos. Yo no era experto en la materia, pues el amor siempre se me presentó fútil, desolador, francamente terrorífico; no obstante, asumí una posición que en el fondo, suponía que no prosperaría.
A veces lamentaba el simple hecho de saber que la lastimaría, pero la veía tan ilusionada que no supe resistirme a sus deseos. Tomé lo poco que tenía para ofrecer, y lo puse a su disposición; la verdad, para mí, era absurda, pues no mostré jamás mi lado sincero con una mujer, y no iba a hacer una excepción aquella vez. Sin embargo, era la primera vez que no sentía rechazo hacia el fruto de la pasión, el elixir de los idiotas, la inmolación por una felicidad que no espero conseguir amor mediante. Siempre supe que no me encontraba enamorado, pues tengo muy elevado tal principio, y no es que no espere nada de la vida, sino que no lo espero del amor, ni de lo que él represente.
Ella era una estudiante con calificaciones altas, pero un premio consuelo respecto a la vida cruel, tan así era, que creía que el amor podía enmendar todos los vacíos. Eso me retraía a mis años de soñador implacable, cuando consideraba al amor como la fuerza infinita que toda vez se alza con la victoria; pero ella no era más que un ente en mi derrengada existencia, un crisol de leyes regidas por una institución sideral, cuya doctrina empezaba a enfermarme.
La universidad era un cúmulo de ideas agradables, pero cargadas de coerción, progresismo berreta, puntos de vista escabrosos, una elite para pseudo-intelectualoides, y pese a que yo estudiaba en la misma facultad, nunca me conformé con los dogmas.
La ciudad estaba dormida después de una jornada ajetreada por festejos vulgares y efímeros; desde luego, afronté los hechos con estatura y sin inmutarme, tenía una parte del camino construida, y no me detendría a pesar de la insistencia y el apego a lo que tanto bien me hacia.
Lentamente la aventura fue transformándose en compromiso. No sé que genio maligno invadía mi mente, pues de otra forma no hubiese ocurrido, y menos aun, hubiesen sucedido consecuencias tales como: depresiones, manías, utilitarismos, traiciones. Pero la verdad es que sucedió, y cada vez con mayor frecuencia. Ambos comenzamos a girar errantes, ella con su amor ideal a cuestas, yo con mi poca predisposición a una historia que nació antes de ser gestada y, por consiguiente, jamas deseé.
Logré mantenerme en pie aunque mi vida comenzara a ser erosionada por palabrerías disimiles, ya no era el sujeto con aspiraciones ardientes; me había transformado en su fetiche dulzón y sumiso, cosa que me afectaba a la hora del naufragio y la adversidad. Yo no tenía muy claro que hacer y, a pesar de los consejos que giraban a mi alrededor, los cuales eran numerosos, no intenté la dicha y me empecé a reencontrar con mi infinidad, con los anhelos que estaban agonizando con la llegada de la aurora boreal.
Me había convertido al fin, en lo que nada significaba, pues a medida que transcurrían las horas, mi vulnerabilidad se acrecentaba. Sentía que mi decisión se encontraba atrapada en una glorieta londinense, y resultaba extraña la vida. Esperaba con ansiedad un momento de gozo, y me desesperaba el apremio, rara mezcla de angustia y verborragia mental insalubre.
No demostraba falta de interés, mi camino era ya un infinito laberinto. Las luces ardientes y fulgurosas de mi estadio se alejaban, ya no esperaba encender la pasión, había comenzado la hora de la infidelidad, el egoísmo, el desencadenamiento de mi fiebre absoluta rondando por doquier.
En alguna fugaz época, los interludios dieron lugar a un dialogo posible pero condicionado por su apoyo consanguíneo. Su familia escondía la puñalada en algún rincón que percibí desde un principio, pero nunca logre hallar. Parecían como empecinados en saber de mí, de mi literatura, de mi sed, de mis odios, y eso me llamaba la atención, pues jamas considere con seriedad el cariño que su entorno podría brindar. Entre las charlas cotidianas, circulaban temas diversos como: política, arte, sucesos históricos, y un tema que me afecto profundamente y resulto clave a la hora de atar cabos sueltos: el psicoanálisis.
Siempre había considerado a lo psicologico-analitico, algo grotesco y burlón. La mirada de los psicoanalistas modernos me despertaba ira, por el solo hecho de creer que su discurso era muy similar al tan comentado discurso amo. Sin embargo, y a pesar de llamarlos verdugos de la conciencia humana, aborde la experiencia. Concurría a terapia una vez a la semana, gracias a la madre, quien me había contactado con una profesional que, según ella, me ayudaría a encontrar mi vocación, a desmenuzar la madeja que, en principio, y según su juicio de valor, me achataba y no permitía mi normal desempeño respecto a la existencia.
Las permanentes criticas de la mujer con guadaña, como solía llamar yo a la psicoanalista, me exasperaban. Ella creía que la función del sujeto era tan simple como una vil actuación, sus conspiraciones a espaldas mías eran moneda corriente y, no obstante, seguí yendo a su terapia, por un periodo no superior a los tres meses. Cuando note que su discurso me llevaba a revolcarme en el lodo en forma involuntaria, me fui pegando un portazo, pues su traición era mas que evidente.
Atrás habían quedado los comentarios acerca de Bukowsky, Lovecraft, Artaud, Rimbaud, Apollinaire, Lautreamont, Sade, entre otros. Estos gigantes literatos representaban para mi, las ganas de vivir en las penumbras, el deseo permanente de buscar la claridad, el pesimismo placentero de sentirse puramente humano, derrengado, necesariamente vulgar ante semejante dimensión como la propia vida. Ellos habían transformado mi existencia, elevándola a limites siderales, tal vez desconocidos hasta por mi.
Aun hoy, recuerdo la imagen de la madre; sonriente con la ironía que la caracterizaba. Su apego a la hija era una suerte de confabulación premeditada, como si hubieran pactado matar en equipo a individuos con sabiduría limitada, una suerte de fascismo en dos tomos humanos.
La madre me resultaba misteriosa, demoniaca, a veces muy fina y otras tan soberbia como lo era su pequeña discípula. Solía discutir con las dos sobre la torpeza de Borges, el suicidio como forma de libertad, la vida de Rimbaud, a quien ninguna de las dos conocía con detenimiento ya que jamas lo habían oído nombrar. Se integraban en un hedonismo que las dejaba como inertes, mas humilladas que vencidas, con un bagaje a cuestas que nunca olvidaran. Sus limitaciones también eran evidentes, no deseaban escuchar mis juicios sobre la vida, el recelo permanente, la duda como horizonte indiscutible. Su cuestión era demasiado superficial para mi gusto, no escuchaban mas que lo necesario, y no me inquietarían al fin y al cabo con su sarcasmo colectivo, pues yo seguiría cuestionando la vida en detrimento de la burla moral que ellas me proponían. Su violencia permanente comenzaba a separar mis esferas, lentamente y con audacia, inyectaron su veneno. Cuando comenzó a hacer efecto, surgió mi ser como un no sujeto.
No entendía que cosa buscaban en mi alma, tampoco si en verdad la intención era sincera; entonces, cuando menos lo esperaba, tropecé violentamente. Al caer solo recibí su desatención, su versatilidad en función de su interminable manía por modelar sujetos.
Trate de resistirme, pero el hecho se había consumado.
Entonces comenzó a desentrañarse el desenlace, ya andábamos con la muerte a cuestas, nada teníamos para ofrecernos y estaba bien que así pasara. Merodeaba el cuerpo de la hija con poca intensidad, y me privaba de placeres que de seguro hubiese degustado con mayor placer. No pretendía sumergirme en su mente, pues nada que me conmoviera hubiese hallado y, mi asilo al fin, resultaba la poesía, y aquella abyecta mujer se encontraba fuera de ese mundo, el cual que siempre sagrado para mí.
Los días finales fueron como una serie de puñales que atravesaban mi cordura en aras de una felicidad macabra, en su ponzoña se ocultaban los rostros del delito, la profanación de utilidades que enriquecían su morada. Tuve que afrontar noches en vela, con el machimbre de un cuarto lúgubre como único testigo y desolado por mi sola presencia. Converse con mi soledad de lo que había perdido, de viejos sabores que morigeraban los segundos iniciales de una salud perdida a manos de una logia despiadada, inescrupulosa, ruin como los gusanos.
Muy en el fondo asumía las culpas, y no iba a remediarlo ni mucho menos, pero bastaba con deshacerme de los perjuicios que traerían aparejados en su inmunda intención. Padecía el deja vú de lo que estaría por llegar, me perpetuaba en mundos imaginarios y era tan elocuente como avasallante.
Salí de su vida un día otoñal y desalmado, el final ya estaba firmado, pero ella seguía escupiendo su ira, jamas asimiló la muerte de un romance teñido de acidez, salvajismos, mentiras. Me tentó a continuar el juego que yo había decidido abandonar por principios; no entendía que mi deseo era el de la libertad y el anonimato, pues de otro modo, hoy estaría lamentándolo y llorando penas en cualquier refugio pasajero.
La asesiné a sangre fría, su cadáver tieso e inmundo quedó flotando en senderos que no volveré a transitar. Su figura fue perdiéndose en el horizonte, por fin su malvada existencia pasaría a ser un triste recuerdo. De nada sirvió su estupenda interpelación. Una vez mas, la niña de mamá había fracasado, y no me provocaría nada mas que pura y lastimosa pena.
A pesar de la puesta en escena, el hecho significó para mí, tan solo un simple episodio, una quimera que no estará en mi cotidianeidad, sino en momentos de ensueño.
Ya no había gente en las calles, el sueño aterrador del reencuentro se había esfumado pronto, y dejaría de tener influencia en mi oscura y violenta caminata. Le dije que había sido el error(horror) más extraño que cometí, y me sentí libre, invisible, lleno de gracia. Sin comprenderlo, estaba renaciendo y no había motivos para celebrar fracasos...
Me había convertido en el vencedor, la prosapia genética estaba salvaguardada y el rencor sobrevolaba otro cielo.
Salí nuevamente a buscar mi musa, iba silbando una cantata que describía plenamente el instante. Su muerte súbita no me haría sentir culpa, pero no podría asumirlo con naturalidad de un momento para otro, por lo que me llame a silencio y bares de saldo, donde mataría para siempre al lejano presente que asfixiaba mi llama, hasta el punto de verse casi convertida en cenizas acumuladas durante ese amortajante periodo. Tendría que volver a alimentarla.
Volví a mi vieja covacha sin consuelo, sabia que siempre que surgiera la calamidad, acabaría soñando nuevas sensaciones en ese lugar. Mi vieja aventura había dejado como consecuencia, la derrota de un soñador. A menudo reflexionaba sobre lo que cuesta ser un soñador, acerca de la existencia del amor como enlace de seres y no como conducta regulativa del mundo y, a pesar de llegar a conclusiones diversas, sabia que en algunas cuestiones estaba en lo cierto.
A partir del desenlace, me dedique a leer en abundancia, mi encierro me reportaba juicios menos idealistas, mas nutridos de critica constructiva, y significaba un gran paso, aunque no la redención necesaria. Faltaba una panacea que diera nuevos impulsos a mi metafísica, entonces busqué y rebusqué en distintos universos, me sumergí en profundidades celestiales, pero no había resultados, lo cual provocaba cólera y tedio en mi incesante búsqueda.
Su tumba quedaba atrás, antes de partir dejé sobre su epitafio la diapositiva de un amor que no hizo más que perderse en la tormenta. Mientras regresaba en dirección al río, pude sentir una brisa implacable acariciando suavemente mi cara. Era un ángel asesino, lo que significaba que ya era un hombre nuevamente.

Nadie sobrevive, solo los falsos

Inquietábase la sangre, muy viscosa, maloliente, casi estallando desde mis venas. Pensando para no sufrir, pues eran tiempos de autoconciencia, de pluralidad, de instinto asesino, asesinado y enterrado. Me costaba desenvolverme, las calles no ofrecían todo su esplendor y vociferaban a lo lejos, los momentos atiborrados por frenéticas tormentas de veranos malogrados.
Jugaba sin cesar. Disfrutaba con jubilo, el deseo de volverme loco hecho juego; muy distinto era el presente a causa de ello y entonces, aunque sin advertirlo con certeza, tenia sobrados motivos para sonreír con encanto.
La mañana posterior al vendaval, había despertado con ganas de no tener ganas; resultaba contradictorio, pero no manipulé jamas esas sensaciones que eran la resultante de: imaginarios intangibles, soberbias apremiantes y a veces, simplemente deseos de no hacerlo. Me propuse aceptar las reglas de no seguir siquiera las propias, vaya obsesión, si de obsesiones hablara. No obstante, entendí que ya no viviría con emoción, aunque esta me resultara tediosa y por demás absurda. Entonces me levante y, luego de desayunarme una rayuela, arranqué hacia la ciudad, que estaba esperando por su conspicuo hijo de sangre. Solía divertirme en la Av. Nueve de julio, pues en general la transitaban esos yuppies ultramodernos que me recordaban a Gabi, Fofó y Miliky, pero después de venderle sus derechos a una multinacional.
El calor de Buenos Aires siempre tenia una sorpresa para mí; cuando no era una protesta social, era un choque con consecuencias menores, a veces podía pasar que se conmemorara el aniversario de la muerte de “Cachirulo Montoya”, y se amontonaban cientos de fieles recordando sus hazañas épicas y, por supuesto, que se hiciera un minuto de silencio por el brillante dios caído en desgracia. Pero al fin y al cabo, era mi albergue, mi fuente de recursos espirituales cuyo brillo, no me permitía suicidarme mas de siete u ocho veces por día.
Había crecido en el seno de una unidad básica muy ortodoxa donde, si el rebelde manifestaba su descontento con el “reichgimen”, era probable que no obtuviera una respetada posición dentro de la familia, pues haciendo honor a su genealogía, se organizaba en forma vertical y ascendente. Por no acatar las ordenes del líder, tuve que emprender mi propio camino. Recuerdo divagar respecto a ello y comprender finalmente que la existencia de aquellos locos descamisados, no era relevante a la hora de mi redención.
La escindida ciudad imaginaria que cabía en mi mente resultaba peligrosa, no por su contenido, si por las derivaciones que podrían surgir a partir de ella. El lozano quijote se sumía en juegos transitorios y de colección, a veces con ahínco, otras con cretinismos ultravioletas. No admitía mi falta de serenidad a la hora de la cuenta final, me remitía a tiempos difíciles, muy ascendentemente, subía por mis vacías venas una buena dosis de clonazepan decorado con artes arcaicos; era simplemente yo, mi yo se reducía a una ciudad que quemaba en mis manos, como si Nerón resucitara en un segundo, como si el agua de este mundo ingrato conmigo, se evaporara con mi inquebrantable soledad.
La dicha era simplemente un espectro de sombras en mi pesadumbre; podría abdicar a mi realidad con normalidad, tal vez muy displicentemente. O quizá no, pero necesitaba dispararme a quemarropa en algún momento, y así lo hice (acto que denomino, fructífera autoviolencia).
Bailaba en mi ser autárquico la hechicera que mis ojos tanto extrañaban, era como si por un suspiro todo se transformara en danzas paganas libradas al azar y por doquier; lluvias por todos los frentes, cumbres flotando en la noche que apremiaba la ciudad. El instante macabro se llenaba de celeridad y, todos los universos decoraban la celebración de mis sueños criminales.
Tanto llanto de mis alrededores trajo aparejado un siniestro que jamas recupere, nadie saldría vivo, ni siquiera malherido; había llegado el momento de la pugna, del summum de la guerra en colores, la animada situación de vuelo contra un viento asesino.
Sin criterios, a veces con aciertos que me convertían en la brisa que sacudía conformistas; no gané ni perdí, ni siquiera empaté. Solo tenía una oportunidad, y me marché bien lejos, muy cerca.
Sin entenderlo, me introduje en otra vida. Ya habían sobrevolado mi cielo algunos romances que, por supuesto, no acepte. La falta de resto me atropellaba en cada descuido, sufrí cientos de violaciones, flagelos, perfectas escenas almibaradas que recorrían mi destellante dimensión; un día fue suerte y pesetas, millones de tardes la adulación al ocaso y trillones de lágrimas, las incontables noches que cedí una parte de mí al sol. Me adoraba; salía por los pasillos largos de mi grito mudo, la explosión de la insignificancia, la desidia, el duelo con sabor dulce, pues ya me había desangrado al nacer y renacer.
Que afortunado me sentí al verla frente a mí; como rotaban con fulgor los astros en su mirada, cuanta belleza esencial, congruente, fervorosamente serena, con el dulce de la vida en su boca, estallándole a borbotones, casi perfecta y cosmopolita.
Recuerdo con precisión un verso que fluyo de mi vacío, y que decía algo así como:
Renaceré en tu vientre, cuando tu omisión ante mi ser me impida robarte el amor. Me costara morir si sé que respiras, y volare muy alto si de olvidarte se trata.
Tan solo déjame llevarte hasta mi sueño, que allí te estaré esperando; y si la vida nos une por un segundo...
Que el tiempo no acabe nunca.
No hice mas que observarla, lisonjearla con sutilezas silenciosas y magnánimas. Su existencia me dejaba un margen para seguir creyendo que estaba aquí, y sin mas que mi propio cielo.
Cuando caí por fin, un manantial de irrepetibles aguas del olimpo me dirigieron hacia su cadente y cincelada semblante, bastó tan solo una eternidad para que llegado el verano a la calle que cruzo nuestros silencios, comenzáramos a abarcar mas que la ilusión de cruzar miradas.
Algún árbol hizo de guía hasta ese inmensurable bosquejo, era un deleite frente a mi suelo árido. La luna fue nuestra testigo e inmortalizo nuestra ceremonia, no quite mis ojos de su ternura. Habían desaparecido las abstracciones, el mundo atravesaba lo irreal, aniquilándolo, trazando pasajes a través de ambos, y, sin embargo, la distancia obtuvo la victoria.
No supe de ella, sino mediante pesadillas, pues era horroroso soñarla distante, perdida, pálidamente infeliz, porque todo el mundo, sabia que nadie podría hacerla sonreír mas que yo pronunciando su belleza en cantos póstumos.
Desdeñaba a lo lejos el karma de no significar mas que una circunstancial ruina, un perspicaz anciano enamorado, tal vez una instancia fabulosa, secular, el baño catártico de su desdicha a cuestas.
Su nombre era de ciudad, sus manos una suerte de hospicio que buscaba desde hacía tiempo, y no lograba develar. Me brinde entero a sus brazos, pese a que ni siquiera habíamos hablado. El arte que provenía de su respiración, la decoraba con creces; sin querer comenzó a resonar con fervor, el dulce ritmo de sus palabras regaladas al viento, me moría por saber si la noche que encerraban sus vitrificados ojos, serian sendero para que mis cansados pies dieran un paso más.
Pasábamos la noche entre ciegas visiones, la vitalidad que de ambos emergía, nos sobrellevo a un cuento sopesado con testimonios de los cientos de artesanos que su rostro constituyeron, cuando la dicha los invadió.
Me sostuve a pesar de su ignorancia, pues ella no advertía mi presencia en su tiempo. Sin querer solté mil carcajadas sobre su estrafalaria vida. Yo la admiraba cada tres segundos, como si de mi se tratara, como si una gran historia comenzara a nacer en mi desamorado destino.
Pese a que estaba a su merced, nunca pronuncie mas, que su nombre en silencio; temía lo peor, quizás perderme en su cauce, o tal vez quedar varado en el puente que hacia sus manos conducía.
En el tiempo quedaba una vieja postal de la discordia. Me sentía lleno de un todo, cuando la nada comenzaba a afectarme y, sin querer pero queriendo, dejé que obnubilara mi tristeza con su refinada ternura.

Diapositiva de un show sin protagonista

Nos encontrábamos en umbrales desconocidos. Era impaciente la espera y, sin embargo, algo vibraba en nuestros dolores compartidos. Nos sentíamos insalubres, casi sin deseos. Nuestros semblantes dibujaban arabescos en la nada, el final era inminente, como un presagio del ocaso que estaba al caer de unas vidas que sabían de lo amargo, de lo frustrante, de sales que queman sonso.
Que trepidantes se habían vuelto los días, a veces solíamos conversar de penas que nos afectaban casi por igual. De cualquier modo emprendíamos lo que fuera a hacernos mejor y, aunque fuese en vano, lo intentábamos.
A pesar de lo adverso, que apremiaba con dureza, nuestro camino comenzó a librarse de tormentos. Sabríamos con certeza que pronto acabaría y, luego de una etapa sin sueños, caería la santa noche(amiga de los dos) para apagar el incendio.
Por fin, y después de tanta búsqueda, bebimos de la lluvia contenedora, sagaz, plena de ternura que se nos venía negando. Nuestra vos era un tono ascendente, macabro para ambos y a la vez, reconfortante.
El final nos encontraría llorando sin llanto, sin lagrimas, con los ojos mojados pero el alma rebosante de ganas de nacer nuevamente.
Sentimos que el mundo era absurdo, entonces habría que buscar algún universo para nosotros. Decidimos morir, pero nunca desaparecernos. Y llegó la hora de la eternidad, el instante perpetuo, la caricia implacable, la gloria en nuestras manos.
El funeral fue poco emotivo y muy displicente. Vislumbrábamos figuras que inquietaban, una marea de gentes que tal vez, entristecerían sin motivo alguno. Nada nos importo, de cualquier modo tomamos nuestra ruta, atrás quedaban las viejas siluetas de crueles inocentes que iban a padecer lo que dejábamos: la arrogancia, el desenfreno, la no- vida, el sabor de la ostentación, la pulcritud católica, el ocaso de las hienas que devoraban sus almas.
Hacia el centro de la tierra se dirigieron nuestros tropiezos, era cautivante sentirnos flotando en la nada, como si una leve aurora boreal acariciara cada milímetro de nuestros mortales cuerpos. Sin ir mas lejos, se fueron sucediendo situaciones elementales, renacentistas, llenas de gracia. El ímpetu en su más pura expresión, como si la belleza empezara a invadir los primeros segundos de la reciente eternidad.
Cada palabra que pronunciábamos, era una vibración en el suelo que significaba que algo importante querríamos decirnos, ya no habría consuelos, ni confituras; solo éramos dos almas errantes, pero con el horizonte muy cercano. La dicha era un frenesí inmejorable, cálido, ya se habían borrado las huellas del hastío apremiante.
Nos sincerábamos a cada pensamiento, éramos ciudades felices y rebalsando de vientos alisios, todo sabía a néctar y no existía motivo para la deshonra. A veces temíamos que no fuera cierto, lo que provocaba incertidumbres innatas, mas nunca dejábamos de saborear la nueva vida.
Por fin éramos anónimos, seres inmateriales, renovables, absolutamente hermosos y la luna no nos abrigaría en noches desesperantes, pues ya no estarían presentes.
El mundo era de todos, el universo nuestro, nuestras vidas...
¿Quién lo sabia?.
De nada servirían las ávidas ofrendas que se nos presentaran, todo era vulgar y estrambótico, como un hedonismo desolador, pusilánime, inanimado.
Transparente y tenue había empezado a ser la vida después de la muerte, que frío padecíamos a la hora de partir, había caído la noche y era momento de comenzar un nuevo juego, el de volverse loco. A pesar de que todo transcurría con normalidad, nos desesperábamos por renacer con cada suspiro que proponíamos en este nuevo universo.
Las horas de existencia eran un amargo recuerdo, estabamos verdes para entenderlo en ese momento, pues aun no habían marcado las agujas de nuestro desierto reloj, la hora de morir.
Morimos entre susurros y delicadezas que siguieron viviendo cuando el suelo nos comunicaba de bóveda a bóveda. El instante de la dicha se apodero de nuestra mortandad...
Ya estabamos listos para volver a vivir. No era en vano lo que tanto nos dolió conseguir, pues una colosal tormenta había dejado de atosigarnos.
¿Que seria de todo lo mundano una vez que partiéramos?. No se nos cruzaba ya, la idea de un mundo contento. Todas nuestras penas eran duelos en la sangre, que no paraban de girar con gran intensidad, eran el furor que encerraba lo que tanto daño había dejado en nuestros corazones deseosos de plenilunio. Sin querer comprendimos que nuestras ganas soplaban muy violentamente y arrasaban con lo que se oponía a nuestras viscerales coincidencias, y transcurrían los hechos muy pragmáticamente para el deseo de ambos.
En algunas ocasiones nos encontrábamos reflexionando y recordando pequeños momentos fructíferos, pero ya no era suficiente para desconcertarnos, ni siquiera nos inquietaba la idea de gentes que habían quedado en el olvido, pues ya era hora de la definitiva resurrección.
Nos embriagábamos periódicamente, eran rituales paganos donde Baco permanecía presente en todo momento, era imposible que detuviéramos la marcha, erramos invisibles, logramos oír el crepitar de la hojarasca. No existían ya los enigmas, el motivo central que nos movilizaba era: Seguir el curso hacia el agua sagrada.
A veces paseábamos por lugares inhóspitos, siempre distantes físicamente, como si de apalearnos a caricias se tratara; la verdad nos llevaba a distraernos en simplezas que jamas iríamos a comprender y, que a pesar de los infortunios que iban despejándose en medio del cielo azulado, nada provocarían, pues estabamos inmunes a todo y todos, y nada nos afectaría mas positivamente que nuestra propia soledad.
Daba la impresión que solo buscábamos la muerte en manos del otro, parecía un disparate, pero nos llenaba de un algo muy verosímil a un todo. Pero para que el refugio fuese tangible, solo debíamos olvidarnos por un segundo de su parte real, tarea nada sencilla, pero todo un desafío para ambos.
El simple hecho de recorrer nuevas calles, nos llenaba de imprecisiones que el tiempo se encargaría de deshacer. Detrás de cientos de gritos, el nuestro era una serenidad incandescente, un fruto en estado elemental, una aguja en la sien. Todo tendría una consecuencia, y no estabamos exentos de padecerla; por lo que preparamos con entusiasmo el golpe de gracia.
Una mañana, y mientras desayunábamos un soplo de cielo gris, me acerque a su boca y le propuse un romance con mi ser, no lo entendió y se desencadeno una actividad dulce y por demás sincera; su vientre llamábame a abordarlo con ternura, con fervor, sin mas caricia que la de mi palabra develando letra por letra su nombre. Casi sin desearlo me tiré en la humedad de su beso infiel, candente, desenfrenado. Me ahogue con su fulgor, bebí de su calor incipiente y, con el ultimo aire en mis venas, vomite mi amor sobre su tetradimensional mirada violenta, la cual me enfermaba de odio hacia amores frustrados que nunca deseé y, sin embargo, estaban todos reunidos frente a mí.
Su traición no era posible, pero mi deseo de morir se vería interrumpido por amor, y no fue jamas la idea. A pesar de sentirnos raros por vivir nuevas sensaciones, disfrutábamos los segundos de compañía; cada momento rebosaba de pasión, las imágenes son, aun hoy, una campiña de ilusiones que confluyeron con la ida de ambos.
Tuvimos que decidir entre: devorarnos las ganas o padecer nuevas patologías. Optamos por el silencio perpetuo, y mal no nos fue, al menos podíamos reflexionar y, aunque no era suficiente, nos dejaba las conciencias bastante desintoxicadas, funestas, con bríos renovados y placenteros.
Ella era un peligro cuando me señalaba con su diabólica magia, el preciso segundo en que iríamos a resucitar, pues tal vez seria descabellado pensarlo, pero había llegado el momento de decidir entre el ocaso y la decepción, o la candidez y la gloria que tanto nos fastidiaba.
Tanto que hicimos por matarnos, y ahora nos echábamos atrás. Temíamos quedar como dos cobardes que no enfrentan su propio porvenir, la construcción humana, el periplo de los ganadores que siempre se alzan con la corona. Todo era confusión, ya nada quedaba en pie, brotaban nuestras dudas desde abajo de la tierra.
Permanentemente surgía la epopeya tácita que vivía en nuestros esporádicos segundos, eran muchos los que esperaban el tropezón y ahora se verían doblemente felices por nuestra vuelta a la mediocridad mundana.
El final nos encontró desangrándonos de amor, cada pronunciación embestía nuestras facultades mentales. Ya no éramos los mismos. Nuestro deseo de morir en el anonimato se derrumbaba con el correr de las lagrimas.
Volvimos al principio, y no omitimos a nada ni nadie. Un pacto con la mortaja nos saco del apuro; dios no nos bendijo desde los altavoces, y se marcho a su posada.
El infierno se encontraba soberbiamente maravilloso, el conserje nos pidió modestia ante su majestad. No hicimos caso y nos echaron de allí, solo nos quedaba el hambre de vernos juntos, y hechos uno solo.
Caímos al espacio exterior y, a pesar de encontrarnos lejanos, tomamos nuestras pocas pertenencias y nos dedicamos a fracasar por la faz del universo. Nadie iría a cambiar nuestro mundo, solo nosotros y, sin mas que lo puesto y nuestras ganas, levantaríamos un universo propio, sideral, humilde y austero.
Ahora vivimos solos. Mis vástagos y yo, pues ella falleció a causa de mi rapsodia. No pudo soportar el hecho de verse tan infelizmente plena, por lo que tuve que dejarla morir. Ya no esta en mi vida, pues he muerto y eso me alimenta y me conmueve. Cada día me siento más ajeno a ese lugar que alguna vez supe fagocitarme, pero no me aportaba mas que felicidad, sonrisas, amores. Nací cuando nunca lo pedí, morí cuando sentí que era el verdadero dueño de mi ser.
Ella baila con la muerte en el planeta de los supernuevos. Yo bailo con la vida del más elocuente demonio. Claroscuro de un amor que negué cuando mi alma se consumió con el fuego que ardía en la superficie de una ciudad que no me dejaba en libertad.
Soy el hombre de la libertad, y ella mi verdadera amada.


26.7.08

Reflexión

SE TRATA NI MÁS NI MENOS QUE DE MI PUBLICACIÓN NÚMERO CIEN Y ES SENSIBLEMENTE ATRACTIVO QUE SE TRATE DE UN HOMENAJE TAN PARTICULAR A UN HECHO HISTÓRICO COMO "EL ASALTO AL CUARTEL DE MONCADA"... A TRAVÉS DE ESTE ESPACIO PROCURÉ VOLCAR UNA Y CADA UNA DE MIS PULSIONES, LOGRANDO REDEFINIR MI PROPIO MUNDO, EL CUAL SE HALLA NETAMENTE ATRAVESADO POR LA POESÍA Y EL ABSURDO...
SIMPLEMENTE VITAL Y AGRADECIDO...

MONCADA


ONCE LUSTROS, CINCO DÉCADAS Y MEDIA, CINCUENTA Y CINCO AÑOS...

ESA PALOMA CON FUSIL EN LAS ALAS QUE SE LANZA EN VUELO A LA CONQUISTA, AL FERVOR DE LOS REBELDES QUE HAN DEJADO DE SER SEMILLA, PARA FLORECER EN ROJO Y NEGRO...

MARTÍ, CASTRO Y LA UTOPÍA... EL DESENFRENO DEL OPRIMIDO.

SE PROLIFERA EL GOLPE LETAL; HIJOS DEL POEMA QUE PARA TU PUEBLO ESBOZASTE...

LA RAIZ QUE SE HUNDE PROFUNDA Y ALTERA AL DUEÑO DE ESA TIERRA QUE NOS PERTENECE.

MARTIRES Y SOLDADOS... PARIDOS DESDE UN FOCO QUE ESCUPE NUEVAS OLAS EN SU ORO ROBADO.

CAEN LAS HORAS EN LA SIERRA, DONDE MUY PRONTO COPULAREMOS CON LA VICTORIA.

LA TRANSICION NOS NUTRE DE REVOLUCION... TU IMPRONTA RENACE EN EL VIENTRE DEL M-26 Y SOCAVA LAS GARRAS DEL AMO.

ACONTECERES QUE COLMAN NUESTRAS ALMAS DE BANDERAS QUE SEGUIRÁN AVANZANDO.

24.7.08

Entes, ademanes y periplos(la instancia donde todo es azul)





Si no pronuncio, aunque sea una vez mas, tu nombre, todo tendrá sabor amargo y cruel... y mientras el sol se niega a salir en mi cielo, intimo a mis violencias a salir de mí.
Vete de mí hechicera ceramista, no intentes aquietar mi ontología, no tengo más remedio que arder en el éter y atrapar constelaciones sin sentido... y un cuervo celestial me canta canciones de cuna al oído, y la esfera terrestre se oye caer; no existen fronteras ni éxodos.
El porvenir se halla perdido en verosímiles arboles de leche paterna...
Corazón que vislumbra atardeceres, es un cuore vacío y que ha quebrado en llanto; sin la semilla de la resurrección, todo estará gris mañana.
En vísperas de un viaje planificado, me encuentro sentado en la marea de sal y lejanía... apoteosis vacía de fervor; el temor te ha desterrado de mi prosa.
Ayer estaba a merced de tus lisonjas... ahora que ha caído la noche y todo se vuelve mar, extraño tu voz, tu encanto y aquel viernes extraño.
Mil horas p.m.
...ausencia de palabras y la llegada de un nuevo dolor.

Fases


Enormes materiales centelleaban a lo lejos... llevaban el enigma en urdimbres coloreadas en bermellón y azur dorado.
Quebrantados los fragmentos, apagados los confines del mar abierto... el lugar salitre y bastardo, la sombra de Jesús en cada paso que daba.
Destierro y decepción; clamaban las montañas un valle fértil donde morir.
El hombre claustrofóbico en Venecia adormecida – oíd sus pasos brutales – sin ánimo de emerger.
Estabamos concluyendo con la ceremonia de respirar.
Reunidos en el lugar de los ausentes... los cofres a segundos de ser abiertos; temerosa exclamación y un ruido infernal...
Hipnosis celestial y un camino enfermo; hora de salir del vientre del arcoiris.

23.7.08

Arribos que huelen a ayer (mañana serás un sol)


Hoy igual que ayer, y mañana igual. Perdí mis desafíos al perderme en tu boca; suspirándote, vos siempre caudal, te sigo esperando a través de las fronteras.


La llama de la quietud me inspira.


Te veo caer, y me tiro yo; fundidos en un valle que se duerme con la lluvia.


Recuerdos que mueren esperando tu llegada.


Es tan lejos, que muero por vivir así; estás tarde, y nada me quedó al partir.


Extrañándote, sigo siendo yo; me encierro en un sueño que carece de paciencia. Te veo allí, y te vas al fin; no tengo visiones que me muestren tu presencia.


Y si te quiero encontrar, no hay huellas.


Tu mano tome, y miedo sentí; sabes que me derrite el terciopelo de tus palmas.


Si el viento me lleva a vos, nacemos... hoy igual que vos, tal vez la ciudad, nos llueva de la lluvia que nos moja de tristezas.

Ahora que soy ayer, te espero.

22.7.08

Salinidad



La deshumanización, el mantra, la llanura a un paso de la luna.
La ciudad nace en la mano de Dios, el grito en la esfinge de Baco a pasos del sol desolado, pro, viento, esferas cristalinas y magnificentes.
Y camino entre laberínticas epístolas urbanas...
En las venas late la soledad de despertar asesinado por los avatares de algún desconocido... simulando entrever tus manos.
Aguarda un adiós en la respiración del viento, simetrías y humaredas sin intención de vivir.
Supercherías disimiles, ostentosas, creatina vagando a merced de nadies.
Carrusel de viernes por la noche... magia y aceleración de los sentidos.

21.7.08

Mientras la ciudad duerme


Vuelve a mí. Cada día será como el primero, no habrá mas lagrimas a tu alrededor, tampoco verás caer el tiempo en un reloj sin agujas, pues nuestro tiempo será infinito.
Tengo un universo esperando por ti en alguna ciudad desierta de pena, la melancolía ha muerto con la rapsodia de aquel ogro que osó lastimarte.

Nuestro brillo sigue a las olas de un mar incendiado; tal vez haya poco que decir...

¿ Hacia donde te diriges cuando me marcho sin dirección? Puede ser que nada quede en mi mochila, mejor será volver a las fuentes.

Me queda poca respiración, dime que hacer en esos segundos de angustia burlona, macabra, despiadada, casi lacerante.
Trasciende mi fulgor con palabras precisas, con ensoñaciones estrafalarias, sin razón, con las sombras acribillándome lentamente.

Si por muerto me dieras; si tu fe se terminara con cada recuerdo mío...
No sufras y sala tus heridas, pues ya no estaré para cuidarte.

20.7.08

Jardín


Clarividente salida, esmerando tribulaciones que comenzarán a desdibujarme lentamente.

A lo lejos, un jardín de flores vestidas de flores, alimentándose de flores y proliferando sus almas a través de la noctámbula música que acobija el espacio.

Música y más música; deliberadamente inquieto mi existencia con humos y adjetivos solemnes... una sucesión de daguerrotipos que se extienden y avizoran nuevos imposibles.

Todas figuras que se envuelven en danzas misérrimas.

Yo procurando ser yo una vez más y sin lograrlo, manipulando nuevas sensaciones y oyendo desfilar palabras por doquier.

Mi jardín está a salvo, gracias a ese infinito jardín que no deja de hacer que fluyan nuevas experiencias.

Acudo a un abrazo que perece, socavo más polución de amor imperfecto.

Las chicas que lucen pomposas y descaradas, propensas a concretar cada idiotez que se les ocurra llevar a cabo. Los hombres rebosando libido a través de miradas místicas...

Me llevo un nuevo infarto a la cama y sé que no tardaré mucho en pedirte que vuelvas.

Una taza de café y todo estará en orden; el descanso será insuficiente.

Mientras tanto... el jardín da a luz ese recuerdo de embeleso y marfil.

19.7.08

Vos, Yo y el todo...


No hay mas por decir que... Ha pasado una nueva pena, y es momento de hablar un poco de ambos. No logre estar un segundo de esta triste semana, tal vez la más triste de mi vida, sin dejar de pensar en aquellos gratificantes recuerdos que nos unen inexorablemente, pues a pesar de la distancia, jamas creí que fueran ajenos a nosotros. Entendí que ya nada nos mantiene despiertos, tan solo el presente que no recuerda lo pretérito, por miedo a reincidir.
No obstante, es menester que puedas ser una confabulación épica, en esta nueva etapa que comienza con un año mas, y que espero traiga en su bagaje, lo que, por acción u omisión, no pude brindarte.
Ayer a pesar de la distancia, te extrañe en silencio. Era una constante la imagen de ambos, en mi cabeza giraban sin cesar las palabras que en algún momento me dijiste, y que fueron espontaneas, porque así lo sentías. Te dibuje en todas las formas posibles e imaginaba tu expresión a la hora de la resurrección imaginaria. Me sentí frío, tieso, innato, taciturno, pues no entendía que estuvieras sin mí.
Mientras un cigarrillo trazaba el instante en que te encontré, y cuando era inminente un nuevo fracaso, bajo el cielo fui una estrella más.
No tengo mas que aceptar mi derrota, pues a pesar de todo... seguiré siendo parte de tus secretos.
Al fin y al cabo, soy mas sincero que ayer, y es por ello que sigo amándote.

Dimes y diretes



La derrota de los dioses. Simulando carreteras que se esconden, van derecho hacia el cielo donde los espera el líder y su dinero.


Tuvimos una quimera, eran cientos de colores abatidos por la suerte y los temblores.


Se llevaron a la orquesta, ya no quedaba mas música, sonidos, letras. Y, sin embargo, hoy es lejano, una victoria que no extraño ni deseo al mas tirado, es muy urgente, es diferente, es relevante como infierno para gentes.


Y los primeros tendrán su premio, un gran crucero de oro a través del mar del hielo, consumiciones, miles de dijes, una cantata y arlequines, tal vez un poco de luz.


Cantamos Silvio, Pablo y Víctor. Somos marxistas- leninistas que abren este siglo, asesinando al asesino y tomando los caminos. Nunca dijimos nunca más, nos importo el instinto, sin saber que fuimos crueles como Cristo. Pegando duro y a quemarropa, nos bautizaron con ideas y principios, que breve que fue...
Todo volvió a comenzar.

18.7.08

RESABIO


Y DE PRONTO... LA TEMPESTAD, EL VACÍO, LA DUDA. QUÉ NOS PASO, PORQUÉ, CUANDO?

ES SENCILLAMENTE DESASOSIEGO, EMERGENCIA EN MI BOCA QUE SIENTE TU AUSENCIA DESDE QUE PARTISTE...

NO BROTÓ LA SEMILLA Y AHORA ESTOY EN NINGÚN LADO, PROCURANDO OLVIDAR QUE ES CIERTO.

NO TENGO NADA QUE OFRECER, NADA QUE CREER, SINO COMPRENDER UNA CANCIÓN QUE ME DICE: SÓLO SON MOMENTOS...

NO ASIMILO EL GOLPE AÚN Y EMERGEN LAS IMPRONTAS...

EN MI MANO DERECHA, EL RECUERDO, LA HISTORIA QUE EVOCA MI LLANTO HECHA TRIZAS.

DONDE ESTARÁ LA MAGIA QUE NOS PERDIMOS?

NO TENGO MUCHO PARA ESCRIBIR, SI EL CUORE CONVALECE DE VOS...

NO DEJASTE LUZ PARA ENCONTRARTE Y LA ALMOHADA SERÁ MI COMPAÑÍA ESTA NOCHE.

Kerouac


Melomanías sin fin... Alguien que llega, algo que muere y así entendemos la brutalidad inherente, abrupta. El desenfreno acortándome la voz... rencillas sistemáticas en la posada del lumen.
Hosco y hasta cansado de sentirlo... no he de padecer todo el tiempo la llegada del amor a mi vida.
Olvida al mundo.
La espera se ha vuelto manantial para ese rizoma.
Mi vida ha llegado tan lejos, que no me alcanza la muerte para comprenderla.
... y es Bretón quien me da esencia para no abandonar mi propio devenir, antes leía la magia en algún fiordo africano; tal vez no tenga sentido seguir si la música no acompaña...
Pude sentir los pasos del viento acaparando almas hasta barrer con todo lo que a su paso se opusiera.
Entre melodías de silencio y derivaciones de las magnolias ascendentes en el Amazonas, tuve el consuelo de oír a Miles Davis tocar, solo, en algún club de jazz.
Ya amanecía y faltaba caer...
Estoy en pleno sueño, recordando lo que será mañana en ese refugio de humo.

17.7.08

Romance(sentimiento que reduce la sombra, a una simple danza, azarosa y colosal)


La deshora de lo que esperaba nacer
Testimonios que agravan la verdad. La fantasía en colores, sin más que la reminiscencia recrudeciendo y deshidratando todos los ríos del mundo. Nos colmamos de palabras hermosas, perspicaces, emotivas; la fuente seguía brindando agua dulce. No advertíamos que estábamos cerca, ni siquiera que alguna energía nos atravesaba sin tregua.
Faltaba concretar el anhelo de un romance que esperaba nacer, que se sentía vacuo, que había traspasado las latitudes en busca de nosotros; y comenzamos a cantar la cadencia, que resonaba como un preludio del gran final que se acercaba.
Contemplábamos todas las luces, las flores, el verdor de la montaña, el cúmulo de aquel óleo que recorrimos a partir del primer acercamiento; y, sin embargo, no acudíamos al llamado del otro, sintiendo la impotencia de ser uno, pero en lugares distintos.
Oía su voz, a pesar de encontrarme, en ocasiones, remoto; y a menudo la amaba, la hacia parte de mi vacilación, de mi afluencia subliminal, cretina, a veces implacable.
Y, fue cuando entonces, emergieron las primeras urgencias de viajar a través de su lecho, de su imaginario asombroso, de su ternura fatua.
Tiempo atrás, era una quimera el hecho de sentirme plenamente abrazado a alguien; nunca había recorrido una campiña semejante.
Los crepúsculos se adornaban con las cosas que le contaba acerca de ella; se embellecían, como lo hace la naturaleza al caer la sazón en primavera. ¡Que expresiva se mostraba en abril, cuanta imaginación renacía de su postura endeble y tierna!.
Yo brillaba, me abstraía, solía remontarme en vuelo hacia su vitrina, y me dejaba caer en sus brazos eternos.
Eras la sombra más indescriptible, me llenabas de todo, de vacío que llenaba mi desgarrado corazón, de magia.
Y nos toco vivir el ocaso; de pronto tuvimos que echarnos hacia atrás como dos cobardes, no supimos o fue el miedo, tal vez los temores al infierno pretérito, o la solemnidad, o la mentira que no terminaba de cerrar.
Nos dolió profundo tener que tomar distancia; nos extrañamos como los arboles lo hacen con la lluvia, pero estabamos vivos y eso era lo que importaba.
Emprendimos un letargo breve; solo faltaba el reencuentro.


Cuando la irónica distancia dispara a matar
Se veía venir, como si ya lo esperásemos; de pronto la sacudida, un embate destructor. La inspiración desgarrada por lo insuperable, llaves dando vueltas; los lugares deshabitados. Ya no era fácil ver pasar a la gente.
Había ahorrado unas divisas, no era mucho pero servia para sustentar mis sueños más inmediatos; casi con vehemencia, sentí un vacío que nada podía curar.
Claroscuro de mi sombra; de pronto, nadie a quien tomar de la mano.
Y erré por el mundo; no tenía más esperanza que mi propia tristeza otoñal devenida en sequía. Me exalté en innumerables ocasiones, construí mi montaña en las fauces del centro del universo. Entonces surgió la transformación, el crepúsculo perfecto; exfoliación de la nostalgia, manto de increíble sonoridad en mi vientre. La noche me acobijaba entre callejones desiertos... solo buscaba un mantra que detuviera mi marcha.
Cálido amanecer; la histeria se internó en lo profundo de los humos que obnubilaban el camino. Rondas de infelices procurando llegar al cielo - ¿por qué los hombres aman a Dios?- y buscando la certeza en lo absoluto.
Me desperté bebiéndome el alba, me sentí sorprendido por la moneda cayendo al revés; era un motivo más para salir a buscar auxilio en la tormenta.
Pero siempre recurría al pasado, no por revivirlo, sino por masacrarlo; Rejuvenecí unos siglos, pero faltaba volver a ahogarme en el vino de la mistificación.
Estallé en centenares de sombras, todo mi ser se expandió al universo; nos acompañaba el ánima desolada, como remansos sin fiebre... la carretera estaba oscura.
Llagas en los pies; habíamos caminado demasiado.
La distancia nos había abandonado. Era duro transitar la vida así, entonces decidimos descansar.
Al atardecer sonó una voz extraña; me susurró pequeñas fábulas. Alguna sonaban dulces, otras me aterraban.
¿Qué buscas, solo, en medio de tanta gente anónima?- exclamó entre pájaros y penas - Mírate, no eres festivo como ellos, tu euforia se encuentra lejana de ellos; terminarás suicidando a la naturaleza con tus propias presiones.
Deja de pensar en lo que vendrá, pues todos estamos destinados a la agonía...
Me tenté a responderle, mas no tenía fuerzas sino para padecer la vida pendiendo de mi espal



Claustrofobia en medio de la montaña
Sentí el encierro, la magia de la naturaleza provocándome inquietudes; recién había tocado tierra ajena, que ya estaba pensando en tu alma desnuda. Sonaba en mis oídos sordos, Cada luz, composición necesaria que hablaba de mi sentir refiriéndose a vos.
Pero ¿ qué estaba moviéndose, tan intensamente, dentro de mí?.
Te imaginaba; podría haberlo hecho durante toda la estadía, y así lo hice. Necesitaba sentirme bien, ya había probado con la fiebre en altas dosis, pero con magros resultados.
Tal vez necesitaba retomar nuestras charlas profundas; aunque en este sitio tan inhóspito, no existían los cafés.
Pese a encontrarme reflexivo, la distancia me llevó a tu posada nuevamente; encandilábanme los oscuros rayos solares, resultaba extraño pero sencillamente abarcativo.
Al llegar la puesta del sol, empezaron a invadirme los momentos junto a vos; no sabés que bien me hizo saber que, de veras, existías, fue como comprender definitivamente que no era ordinario lo que me enlazaba a tu mente.
Y surgieron las risas, el encanto de tu semblante permanente brindándome tranquilidad y ternura infinita.
La soledad ya no fue tal, pues estabas en cada segundo que me largaba a imaginar.
Tu mirada era una imagen sepiada en mi corazón, a cada paso que daba, te hallaba oculta en todos los mundos que constituían a ambos.
De pronto tuve que internarme muerte adentro; sabía que algo estaba al caer, como si los estigmas se reflejaran a lo largo de la galaxia.
Nadie a quien acudir; Era una sensación estéril, vana; la pugna del ser con su propio ser. A veces lejano, otras sumamente vulnerable, abatido y vanagloriado de ensueños.
Caído en desgracia; por fortuna todo era ilusorio, formal, emérito.
Luego el silencio; todo iría en ascenso. Ya respiraba otro aire... la ultima bocanada me dijo que esto era real.



Lo escabroso del infinito
De vuelta en casa y sin proyectos; la salud se renovaba con el transcurrir de la primavera naciente, el ruiseñor en todo su esplendor.
El recuerdo de tus pronunciaciones era más que recurrente; se me aparecía tu dulce tristeza, como una cuestión coyuntural, te tomé la mano en miles de ocasiones, quizás no lo advertiste... y nunca te abandoné.
Algo se despertó nuevamente, la percepción de tu suavidad en manos del sol, no me atreví a dormir otra vez, deseaba que mis sueños se hicieran claros.
Detrás de aquel dolor de mundo, se ocultaba mi vida junto a vos... y que bien se sentía mi ser, cuanta inmensidad guiándonos, el sueño de una noche de verano que Shakespeare, jamas logró, sino escribir.
Y el temor, lentamente, fue haciéndose aventura en lo alto de una montaña; la sal de los mares, lloviendo de las entrañas, poca pena, abundante gloria... la sed de mi corazón a merced de tus latidos.
Te eché de menos todo este tiempo, sólo nosotros sabemos cuanto hubo de verdad.
Y la noche fue una compañía abstemia de piedad, nos enfrentamos a la lejanía con vitalidad, los lamentos volando por latitudes ajenas, la transformación permanente, el umbral de tu ser, poseído del viento.
En tu cama y en tus memorias, alicientes, renace la tentación de existir a través tuyo.
Wintertime winds blow cold this season, fallin in love, I´m hopin to be.
Winter so cold, is that the reason, keeping your warm, and your hands touching me.
Come whit me dance my dear, winter so cold this year. You´re so warm, my wintertime love to be.
Fragmentos de ciertas canciones que me atravesaron, bajo deseo de trascender mi falta de vos. Entre peculiares sensaciones, un vuelo, el silencio en mi mórbida contemplación.
Oyes la canción también, te gusta, quisieras revivirla, pero nada te detiene y todo te condiciona.
Please believe me, the river told me. You told me. Oh, yes, you told me... you told me, i love you anymore. She comes in colors everywhere, she combs her hair. She´s like a rainbow. Combing colors in the air. Oh, everywhere. She comes in colors.
Ah canciones... ya dejen de invadirnos el espacio.


La vuelta al quattrocento
Pasaron muchos diluvios. De repente, la sangre dejó de helarnos, suerte de fábula y flechazo al aire.
Aparecíamos como dos entidades absolutamente diferentes, que mostraban indiferencia ante la presencia del otro. Solo existía un lugar en nuestra vida real, el cuerpo entero de cada uno, y así lo creíamos, resultaba próspero para ambos y cada cual.
En cruz y sin cavilación previa; así fue el reencuentro. La historia era ya, una retrospectiva, un deseo de volvernos a enfadar por estar distantes, una lluvia de oriones en busca de la panacea universal.
El renacimiento, la época de la belle epoque, el suburbio alimentándonos de momentos anteriores al presente inquietante y taciturno.
Y nos sangramos en demasía, fue el preciso instante en que pudimos ver nuestro interior, donde las vestiduras tomaban forma superflua, y el viento nos abrigaba con su dulce resoplar.
Me inventaste nuevamente. Yo, sin embargo, no notaba mi ausencia terrenal, aunque era cierta y notoria. Podía estar vagando por alguna rue, que nada entendería, pues solamente era un centenar de nada, atravesando su propio desconcierto.
Fueron incontables las veces que lo hiciste, pero nunca fui agradecido.
Mi egoísmo se había apoderado de mí; ¿Y como hacerte un daño, si era feliz, sólo con tu respiración?.
Luego llegó la hora de los reproches.
No puedo verla partir, de la misma forma que la veo llegar. Me conmueve, me desespera saber que está llegando.
Todo se vuelve frenesí, todo concluye en ella.
Si se marcha, mi vida cambiará; pero si regresa, ¿ cómo evitar que mi ser se deshaga ante su infinidad?.
Me enfermo de su patología, me imagino llorando su llanto. ¿ Es que nunca se esfumará de la esfera de mis anhelos?.
No más reproches; dejemos el alma en paz... está por cambiar el mundo, y mi segundo debe ser eterno. No me cuestiono que se haya ido, sólo que esté en mi vida sin estarlo.


Tiempo de enmendar y enmendarse
Todo lo que tocamos se transforma, como la luz hace con la oscuridad; es esa luz que hay a tu alrededor, la que inmola sombras por todos los frentes, deshace la monotonía, desprende ráfagas de tentempiés que me embisten, me movilizan... y nos movilizan, pues somos dos, nos conjugamos en uno y enfrentamos el porvenir con dulzura, armando una fortaleza que nos inhibe de los dolores de alma.
Y trastocamos las latitudes, es esto un amor desvelador, nos acerca a la noche, nos remite a la vida.
La moneda en el tiempo, llamando a la paz.
Lo queríamos de esta forma, no había otra; nacemos y morimos, casi nunca vivimos. Pero sólo hay un mundo y es este, el nuestro; la dicha dibujando figuras en el horizonte.
Hojas de alcaucil... no tienes más remedio que actuar, entre heladas hojas de alcaucil...
No hay porvenir sin vos, por venir...
El recuerdo de la noche anterior, concluyendo con Francisco Bochatón. La música no nos abandona, se detiene para vernos y contarnos: que los colores están presentes.
Te miré a los ojos, me devolviste la gentileza... todo se empezó a sentir turbulento, era la ansiedad de sentirnos historia naciente.
Y nos fundimos en los brazos del sol oculto en algún óleo de Van Gogh. Cantatas de puentes amarillos nos montaban la escena, al ritmo del canto de un poeta pictórico y grácil; el instante de curarnos... sólo con resucitarnos era posible.
Memorias de una mañana en la mesa de la infinidad, café, contemplaciones... a los ojos todo es más sincero. ¿Y qué nos conduce hacia el otro sino es la sinceridad?.
Ya nos clavaba una estaca el alba grisácea; no podría dormir con facilidad, era muy reciente el recuerdo de tu llegada, no me lo hubiera perdido por nada, lo necesitaba, deseaba verte llegar; acto principal de tus manos acariciándome la respiración.
Y nos deslizamos a recorrer la distancia hasta el autobús que te arrancaría de mis manos, sólo físicamente.
Ya estabas arribando hacia tu morada; nunca morirá ese instante... ya es otra la brisa omnipresente.


Nacer de una mente iluminada
Entre las múltiples fantasías que deseaba realizar, siempre estuvo presente sentirme en algún rincón inhóspito del mundo. Sin embargo, me quedé en la región poniente, donde las penas y el sol reposan antes de morir.
Previo a la agonía, la tormenta en mi pared, un maremoto de ideas concluyentes en tu vientre. La ciudad en ruinas; asperezas en el ala norte de mi norte, no podía entender lo que estaba sucediendo, tal vez era más de lo que imaginaba.
Bajo pena de castigo inminente; la burla de los decadentes.
Estuve haciendo tiempo en las montañas aladas del Himalaya, sentía el frescor de la lluvia lavándome las carencias; poco podrían herirme las palabras de seres vacíos. Mi escenario espiritual se supeditaba a la vastedad de vivir por morir naciendo de una mente iluminada.
Nada de esto me detendría, te había buscado por doquier, octubre de un año que me vio ante la cascada de tus ojos.
Estábamos tan seguros de encontrarnos, que esperamos menos de un segundo para la resurrección. Oda a la más certera historia de las contradicciones; está aquí y ahora, pero no quiero esperar hasta mañana.
Puertas que evitaremos, muy pronto el cielo será un verdor universalmente abarcativo; melancolía y extensión etérea... razón de existir a través de tu mirada irresistible.
Más que una narración, esto quizás se haya transformado, lenta y paulatinamente, en un monólogo visceral, ya no tengo demasiado para decir, pues me ha sorprendido el alba.
Sólo siento... no me hablen de mañana.


Un mundo, de mil mundos, respira entre mis mundos
Y desperté sin cegueras, ya no quedaba más que la inminente bifurcación de la vida y mi vida misma.
Enhorabuena salí a despejar mis alas en los nacientes rayos de luz, campanillas tintineaban en derredor mío y tuyo; Extraña apoteosis microespiritual, como si el sueño se irisara en cuentos de Faulkner.
Las calles símiles a tu semblante, todo giraba con armonía y dulzor, los lagos en tus manos adornando cascadas de flores resplandecientes; la dicha abarcando los cielos infernales de la quietud fantasmagórica.
Nos hicimos dueños y duelos del azur trillado por daños elocuentes; el mundo de los mil mundos tomando nuestra forma y el estelar viento de la constelación mundana, apremiando la estación poseída por el astro rey.
La vista en el lodo se olvidó del humus, saliendo a viajar por las glorias de un universo que contemplaba un beso fundente y magnánimo.
Teníamos tiempo para nosotros, para las irregulares efemérides que acompañaban la laxitud de nuestros abrazos.
Cada frase que pronunciábamos, se sesgaba de placer, de ternura; una angustia en trance esperando ver el crepúsculo... la magia de los mundos cautivos de nosotros.
Atemporal. Ya nadie va a oírlos suspirar, su aire, el que respiran, tiende al infinito; vestigios muchos, afluentes de cerrazón inmaterial, otoños como parte del olvido.
Nuestros hijos en la dulce espera de la germinación.
La gente se hace riacho, y fecunda la vastedad del ocaso con loas y llantos suficientes.
Podríamos morir de nubosidad, es probable que nada vaya a ocurrir, pero la llave abre puertas y los mundos son inmensos; crónicas de dos entes que salen a “primaverear” por los espacios oscuros, buscando una lluvia donde acolchonar su romance.
De repente sale la noche y se asoma al balcón... nosotros bailando de frescura en su brisa ecléctica.


Puedo ser, rena-ser y volver a ser lo que seré
Una vuelta en carrusel era lo más cálido, que la desesperación podía ofrecer; montones de nada albergaban centellas de cenizas que dejaron las bravuconadas, histéricas, del sol.
Salud a todos, el día anterior nadie quedaba en pie, parecía que la noche había arrasado con sus ciclotimias, y era de esperarse un regreso sin pena ni gloria.
Despertamos dormidos; parecía que todo iría tomando sabor al fin, nos perdimos en los cantos diurnos de la naturaleza- llamados sin respuesta, en la miseria de un columpio mortífero y superfluo- para supervivir al anverso de la muerte.
Calló su humedad en mi beso desenfrenado, parecíamos una gran tormenta en proceso de colapsar el orbe.
Muy cerca del horizonte, el clamor de anónimos pregonaba un jubileo irrelevante, pues ya había proliferado la peste, y era momento de enfrentar la gran ola.
Mientras tanto, seguimos saciando deseos, nuestro lenguaje no era ordinario, era elemental y sincero; tan solo queríamos soslayar la inmensidad de un planeta que nos llenaba de tedio.
Y atravesamos la Venecia, celeste, que el firmamento representaba en imágenes oceánicas; disfrutábamos la sensación de sentirnos flotantes y eternos, no sabíamos que la eternidad puede ser efímera.
Entre vuelos flagrantes y cautiverios físicos, la naturaleza nos resucitó y pudimos volver a vernos como íbamos a ser más adelante.
Fotografías recortadas de un álbum misterioso; elucubración del Señor en busca de dos pájaros que desobedecían a su reinado.
Nos alejamos de la mentira para sentirnos reales, nada más contemplativo y eficaz que las miradas de ambos enfrentándose, sangrándose por ver mas allá de la esencia; conocimiento “hiperreal” de la vida en carne y hueso.
No suponíamos que fuese a darse así, pero era un segundo en que la transformación nos situaría en lo más tangible de la existencia: la muerte definitiva de la propia muerte.


Valses y amoríos(cuando la bifurcación se vuelve única)
Cierro los ojos y mi soneto espiritual se apodera de lo abstracto, como Whitman lo hacia de su prosa. Mañanas penetrantes en algún valle pagano.
Las cuestiones de la reunificación de los dos, desfilando en un tríptico espontáneo y sagaz.
El nacimiento de un nadie que será ninguneado por todos, la sangre derramada al emprender la ruta definitiva y el final, con telón incluido, para aquellos vencedores que se mataron por vencer, sin saber que la muerte los arrastrará hacia el precipicio.
Nunca formamos parte de ello, y me encuentro con ganas de avasallar la muerte con la unicidad como bandera.
Dejo la impronta en el fondo del mar; capturo emociones y temores de los diamantes que no desean ser objeto de los ciegos.
Mi sombra iluminando las colinas vírgenes de sol; sólo con escrúpulos obtendrás el todo.
Un buen día inventaremos el camino de retorno, es que debemos regresar a algún lugar que nos asile; nuestros pasos como litúrgicas y misteriosas hojas, la cadencia de unos seres admirando la danza de la estratificación, del delito por amor, la gloria de no ser instintos deambulando por el aire.
Cuando culminó el viaje hacia todos los universos, llegó la hora de la misantropía; aquejándonos de todo y devorando salubridades.
Pero proseguimos el acto mágico de la reencarnación y la maravillosa oleada de estrellas que descubrimos un amanecer de verano, cuando la nieve caía sobre la ciudad.
El ocio curtiéndonos la existencia en forma intrínseca, la nostalgia de volvernos viento, ahogada de oxigeno; una atmósfera en la Vía Láctea nos bastaba para sonreír. Y era todo lo que teníamos, una fortuna malversada por aquellos que robaron nuestras ilusiones, con el objetivo de enterrarnos en la lluvia.
Nueva Delhi. El sitio donde nadie sabe donde, pero donde pocos saben cuando; el Ganges en tus ojos... alimento para mi corazón.


Como golondrinas
La vuelta a la casa de todos. Una aventura bonita al fin y al cabo; calamidades y circos campestres, las arboledas de un bosque talado.
Improvisaciones que almibaraban las horas; temblores, reciclajes de las vacilaciones que llevamos a cabo en algún tiempo pretérito.
Los momentos que al caer la noche molestan y reprimen las hordas de lo vivido.
Cuando las fuentes dejan de brindar aguas claras, la tempestad hace el resto; no permaneceremos estáticos, será nuestra migración tan implacable como una aluvión de colores que acabará por expandir nuestro fruto por toda la faz de la nave mundana.
A veces tiempo, ayer criaturas del arte, quizás, en otro momento, fugaces cosmovisiones supraindividuales... la nave comienza a arder.
Y tú, madera que constituye al árbol que me permite descansar bajo su sombra... vagando a través del éter.
Me llenaste la muerte de un tiempo que me conmueve, y concluye en tu abrazo volátil y enérgico.
No perdimos nada, amor mío; tenemos un cielo aguardando por nosotros.
Larguémonos a deslizarnos por su infinidad... mañana es ahora, y ya no puedo esperar.
Tendría que construirte un paraje donde reposen tus alitas, pero no tengo más que mis manos para abrazarte y mis días para soñarte.
No exagero, tampoco te prometo demasiado, pues soy tan frágil como toda esa masa de ternura que te compone.
Habrá vida cruel, vida finita, sinrazones múltiples; pero jamas distancia.
Hace unas cuantas resurrecciones que deseo encontrarte en mis sedientas ilusiones, atravesando mis fronteras y marcando tu nombre en mi corteza.
Sé que estuve lejos por un tiempo, pero sólo viajaba; ya estoy en casa, ya somos la misma mirada... el adiós ha perecido.
Nacimiento de un nosotros.


Presente de un ayer
Y comienzo con una prosa por falta de ti, me llevo tu imagen a dormir.
Prefiero creer que es un sueño, a seguir creyéndome lo que tanto he perdido por no haberte buscado antes.
No puedo darte amarguras. En este instante no caben en mi devenir; han caducado, se rindieron a nuestros pies...
Estoy tan demostrativo, que no puedo demostrar lo que siento.
Pero sabes que lo siento.
Estamos llegando al horizonte; esto no significa que sea el fin, pues es justamente en el horizonte, donde siempre quise comenzar a trazar mi camino contigo.
Y pensar que hace unas vidas atrás, no esperaba comenzar a imaginarte a cada suspiro que emito.
El romance provoca azar, incertidumbre, recelo; nosotros no sabemos de romances, solo somos un vuelo conjugado para errar por algún segundo que anhelábamos en cada conversación. Y tal vez no lo adviertas, pero sin darme cuenta te estoy hablando en presente, será por no poder hacerlo cuando tu ser, hecho arte abstracto, me deja trémulo y sin poder pronunciar más que una palabra muda.
Quisiera decirte mucho; sólo te abrazo y te respiro.
Y pensar que hay tantos idilios que yacen al gestarse...
Perdí mi calle en tu ciudad. Los desfiles de sonrisas que se transmutan con cada beso, me dejan dormir sosegado.
Dibujo tu rostro y tus manos, donde confluyen tus labios y mi deseo de trascenderlos con la humedad del beso tibio.
Si un segundo me quedara, sólo quisiera mirarte, morir contemplándote para renacer con la felicidad de saber que tomaste mi mano y anduvimos en la tierra de los amantes apasionados.
Me llevo un segundo contigo... ya me depositaste en el cielo.
Es mi ultima confesión, antes de subir la escalera hacia lo eterno.

15.7.08

Árbol sobre el tiempo...


a


la vez


evoco vida


y pierdo mi sueño


siento que no existe el tu y yo


y que solo emergen infinitos algunos


tal vez muchos mundanos y anónimos millones


como inquietando y acortejando nuevos y dulces universos


que aglutinan tan solo un puñado de infelices y miserables individuos


yo




él


bi


si


no


sólo prolongo mi soledad por nacer en un sitio donde estoy solo




14.7.08

Tácita


Paris... Obra y magia del arte; obscena visión del mundo... el mundo es tu nombre y tu historia. Nerval, Victor Hugo y Flaubert...

Una elegante utopía asesina; ese irresistible beso tuyo... ciudad elevada y decorada por tus propias manos.

Contemplarte y vociferar por lo bajo... l'essentiel est invisible pour les yeux.

Paris es la amante del poeta, el réquiem de los oídos cansados de oír misceláneas, el oráculo infinito del ascendente instante hacia la dicha y el fervor.

Podría admirarte y preñar tus calles con prosas envenenadas... pero sólo me sumerjo en tu simple balbuceo y tu clarividente noche aciaga.

Un Artaud o un Monet, un Napoleón o un Robespierre... Tus besos me enamoran, une douce ville!!!

Déjame vibrar de ti, dulce y solitaria prostituta... te amaré, pero me iré a deambular por tus venas; Ainsi c'est la vie j'aimée.

Flaco



Espacio sideral, cosmopolita extremaunción, visceral lugar sagrado, ocaso remanente de un Mesías que quedó solo.




Viniste a mí, en pos de salvaguardar una prosapia que te arrebataron, un silencio que se apoderó de la oscuridad, un remanso alterado por lo neo.




Y siempre estuviste aislado, errante, melancólicamente creativo, proliferante, bucólico; era tu melodía, una caricia en mis oídos.




Tu mejor premio fue embelezar el éter musical, tan ausente de tu Perogrullada. Fin de la historia... no has comprendido ya, que Maribel se ha dormido.



Te reflejas incipiente, como el gratificante dolor de la ola trepidante que golpea tu guitarra hasta hacerla añicos.



Los elefantes... Holanda, esos viscerales puentes amarillos. Fermin se fue a la vida y aguarda por tu canción...



Emprende el vuelo junto a las golondrinas que contemplaste en Plaza de Mayo; dame dame pan...



Gracias por la nada y el ensueño noctámbulo.

13.7.08

Misantropía


Diacrónico... Sincronía que eleva llanos a la lascivia, el destierro, la precaria absolución de Sócrates...

La comarca del buen samaritano; Rosebud, Tim Burton, Lovecraft, Arnold Layne, Hook, Caupolicán, Estambul, Hansel y Gretel, cada paso que doy.

Fellinesco

Vulgar

Intrépido

Fiebre

Enrique Bunbury

Noé

Champagne

Toda la parafernalia acechando.

12.7.08

Sine qua non


Nostalgia... Lo que nunca quisiera padecer ha invadido mi tiempo... bala en la mente, ribetes trágicos, estado de coma, apoteosis ausente. Y salgo a la vida por no sentarme a esperar la muerte; la contemplación, invisible, de lo que jamas se hizo presente.
Dolor de alma y cigarro de pena; está lejos la montaña para intentar un respiro sabático.
Mal de males, el instinto vital de aparecer a cuentagotas en el sol... larga espera por tu impronta, me llevo la magia violenta del ruiseñor derrengado.
Ya no cantara mas el viento en mi existencia, no tendré que remitirme al olvido...
Nací para no comprender lo mundano.
Histriónico devenir, reacio al amor, mezcla de llanto y abatimiento; y la imagen, indómita, de un resplandor que se aleja.
Es imposible la calma ya; el descontento surge por no tener la libertad de asumirse distinto y versátil.
Solo unas líneas antes del letargo... panacea de los soñadores.

10.7.08

Orbe



Sombra rocinante, trepidante... es la ciudad un horizonte, pletórico como Creonte, sagaz como Dante, tan fugaz como flagrante...

Pictórica y naciente, adornada con lamentos;
Visceral y sonriente... herida de pavores y rebosante de resentimiento.

Impertérrita y ultrajada; sucumbe y asiente lo azaroso...
Suben los sueños, sus peldaños y animan su escalada...

Cretinos Ángeles maliciosos.

Ámame Buenos Aires... te extraño tanto por las noches...

La impronta que me dejaron tus calles...
No me hacen improbable...
alguien silba un tango entre tus piernas...
derramando por los barrios, tu parangón y tu esencia.

Me duele la existencia de tu mirada ambivalente.

Jurame que sos la misma y no has cambiado tus vestiduras...

9.7.08

INDEPENDENCIA




HOY, COMO AYER, COMO MAÑANA, COMO SIEMPRE... NO SABEMOS DONDE ESTAMOS PARADOS, PERO SIEMPRE HAY UN MOTIVO PARA FESTEJAR, PARA REMEMORAR UN ACTO FALLIDO, UN FALSO REVISIONISMO, UN POPULISMO VULGAR, BAÑADO EN GRANDES DISEÑADORES, UNA QUIMERA SETENTISTA QUE EMERGE HASTA ENAJENARNOS DEL ÚNICO DERECHO QUE POSEEMOS... EL DERECHO DE VIVIR EN PAZ.

SOLDADOS DE UN MUERTO QUE NO CESA DE PERMANECER EN EL PODER; UNA TROUPE QUE SE DESPOJA DE SU CAMISA AL COMPÁS DE UN ETERNO GRITO DE CORAZÓN, LUNÁTICOS Y ACÉRRIMOS DEFENSORES DE UNA AÑEJA CORPORACIÓN...

DÍAS DE GLORIA Y FERVOR; MARCHAN SIN MARCHAR COMO EL ANDARIEGO VIDENTE, COMO EL EMÉRITO MESÍAS QUE NOS TRANSPORTÓ AL PRESENTE.

EN CUALQUIER MOMENTO DAN EN EL BLANCO...

PUEBLOS Y PUEBLADAS, ORIGEN E IDENTIDAD, MEMORIA Y EXPANSIÓN; REALISMO MÁGICO Y VICTOR JARA...

COLÓN Y CORTÉZ, ATAHUALPA Y SANDINO, SAN MARTIN Y BOLÍVAR, CÁRDENAS Y LAUTARO, VARGAS Y CABEZA DE VACA, MARECHAL Y RUBÉN DARÍO, SPILIMBERGO Y OROZCO, CANCHA RAYADA Y CHIAPPAS, ARTIGAS Y MARCOS, LA MONEDA Y PLAYA GIRÓN, TLATELOCO Y EMILIO JAVIER, ROCA Y RUNCIMAN, NERUDA Y VARGAS LLOSA, PLAN CÓNDOR Y MONCADA, ZAPATA Y TUPAC, EL CHE Y SOMOZA, BRADEN Y PERON... IAPI, PRI, COLORADOS, AYMARÁ, TENOCHTITLÁN, M-26, MISTERIOSA BUENOS AIRES, DIVISA PUNZÓ, FARC, EL MATADERO, TUPAMAROS, AYOHÚMA, LA HIGUERA, YANACONAZGO, MACONDO, FREJULI, MIR, RIVIERA MAYA, CUZCO, CAUPOLICÁN, TORDESILLAS, LAS VENAS ABIERTAS...

CRÓNICAS DE CAUDILLOS Y LIBERACIONES, LA DULCE ESPERA DEL RENACIMIENTO; DE PIE MIS QUERIDOS, YA NO DEPENDEREMOS DE NADIE!!!

8.7.08

Plus


Meditación...

Contemplando el instante incierto, fútil, decepcionante... Un golpe que ha desestabilizado un colapsado sistema.

Y se transforma el alma en un reducto de fragilidades; como ese empobrecido mártir. Noche embelesada en Siberia... cúmulos febriles, la levedad de la vida, la vacilación del honesto, la inoperancia de Dios, el resabio de la muerte.

Jaque a la reina

Animadversión

Teocentrismo

Ergo


Paganismo

Vacío.

El camino no existente.

7.7.08

Símbolo



Cuando la realidad se torna una quimera, un desacierto, una vislumbración de lo observado con anterioridad.


Podría parecer que estorba, que alude a mitos extremadamente extraños, sigilosos, desarticulados. Y es probable que nada vaya a ocurrir, o quizás sí, aunque no seria descabellado creer que todo se encuentra predeterminado.


El símbolo de la libertad mascullándome sin querer... como una brisa emergente de la cruz que hizo capitular a aquellos desgraciados.


Toda una ceremonia de signos viscerales, vacuos, llenos de enfermedad secular... ahora quieren salir al olvido y de él mismo.


Y que habrá pensado el que osó creer que era cierto?...


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La constelación de los símbolos muertos...


El periplo(marea de absurdos en la mente de un viajero).



A menudo se repiten preguntas que circundan, divagan, retroalimentan a la mente y el cuerpo. Son pocas las tragedias que hacen a lo cotidiano; a veces con poco, se puede sufrir, otras veces lo disfrutamos, lo intuimos como si se tratara de lo más común. Por ello no lo vislumbramos con amor... pero los sujetos queremos sentirnos débiles, nos aburre la felicidad sincera, el calor de la vida quemando nuestros pasos; solemos invitar a la melancolía al ritual, nos enamoramos de imposibles, tan solo por deseo de padecer la no-correspondencia, el dolor de no poder tenerlo jamas, la ulcera viviente en que nos queremos transformar.
Esas tormentas que enferman el sol de cada día, son visibles si se viaja; el mundo de un viajero se inquieta con cada historia, con iluminaciones opacas. En el universo de la insoportable idiotez de los ciegos, quienes poco saben del alma, no ocurren las vituperaciones de sentirse muerto. Ellos pueden ver con sus ojos, pero solo en colores, nunca en blanco y negro.
Rimbaud sabia lo que significaba la angustia de los sujetos, porque viajaba. Sentía el anonimato del muerto que anda errante por la existencia mundana, conocía el ocaso como pocos. Lo cautivante de no ser, radica en mundos reales que hacen evidentes las historia de los sujetos-objetos, trazando limites que retraen incertidumbre en los legados que vayan a dejar.
Los ciegos que infectan, con su patología no-videncia, al coherente mensaje de las ideas, los desengaños, el malestar de sentirse invisible, temerario, frágil; son siluetas desgarbadas, desamores sin sueños, violencias consecuentes con su ignorancia, su respeto por las normas que impondrán a rajatabla. No conocen el compromiso, la fiebre de la duda permanente, nunca contemplaran mas que un silencioso rincón oscuro, la hermosura de vivir se les decora con quimeras.
Hay formas de viajar. Se puede viajar hacia las tareas que cada uno realiza todos los días; se puede también viajar hacia la nada- Lautreamont lo hacia con una destreza pasmosa- a encarar un nuevo rumbo, pero aquel que viaja por el solo hecho de disfrutar el aroma de la existencia, lo vive. No hay sensación más inalcanzable que la de enmendar el alma con instantes imaginarios, que no modelan como dios lo hace desde la coerción sacramental.
En trance, y sin mas que la violencia rebalsando su mente, un viajero puede reconocer y mutilar las habladurías presentes en la verborragia de los mediocres. Un éxodo representa la lluvia de universos, el día eterno, la inmolación por lo rotundamente imposible de explicar. Los innumerables, pero pequeños, viajantes trascendentales; desayunan el amanecer de lo puramente frágil, cruel, lo humano expresado en kilómetros de genealogía.
Esta es la llave de la nueva puerta que los conducirá hasta el destino incierto, hacia la cima de aquel bosque, donde los predecesores aguardan por la nueva ola de peregrinos enamorados de la vida.
El periplo es un homenaje a los mártires de la modelación, a los derrengados de Sade, a los talentosos enmudecidos por la fuerza, por el orden, las leyes del sumo amo del universo.
Y si a cuestiones vivenciales nos dirigimos, nada mejor que hacerse un buen viaje hasta lo oculto, pues lo verdaderamente humano nace de la incertidumbre, del dolor, de la calle, del llanto sin lagrima, del grito sin voz.
Esta es una obra humilde y surgida desde el más sincero anonimato, hecha por un viajero y para los viajeros. Quizás entre en juego la sensación del pesimismo, pero aquel que transita la vida llevándose por lo que su corazón guía, es el hombre más transparente.
Las memorias de un peregrino lucen mejor si la muerte se apodera de su mente.


OLAS ALADAS



Me perdí en tu mundo ayer. Antes de nacer, antes de todo lo posible, antes de saber que tan real eras.

Y me sumergí en tu mar albiazul, terreno, estremeciendo mis pensamientos con precisas secuencias de amor.

Se abrió tu cáliz a mi beso, se hicieron vida los momentos, hechizados de dolor y llanto... mis latidos esperando por tu inmediata redención.

Y llegaron los días en que Cortázar nos recibió buscándonos, pero lejanos de cualquier encuentro; “Via láctea” de brisas incontenibles.

Un suspiro que significaba toda una vida buscándote por diferentes mundos, ya sin fé, hoy sin voz... una paloma que se escapa de tus ojos.

Y desearía encontrarme nuevamente contigo en esa ola inédita, contemplando como los momentos van acumulándose como pompas de nieve en aras de la vida misma.

5.7.08

DOQUIER


Hálitos que asombran...


Hora de cenar una inmersión de mantras; y mientras el seno de mi vulnerabilidad siga solapando ficciones, no dejare de describirte en colmenas.


Ayer perdí mis pasos en la rutilante esfera oceánica, creí que podría hallarte, pero lo hice sin éxito.


Me queda sólo el hecho de resignarme y padecer la levedad de sentirme llano... habían desaparecido mis ondulaciones, no tuve más remedio que dejar que te fueras.


Ahora que obtuve el paseo en lluvia que venia reclamando, siento despertar en metrópolis que se derrumban con tu amnesia... canto del diablo, llanto del cielo, me dejo estar en ti...


Mañana tendrías consuelo y gracia.


Dos seres que viajan en su cosmos a miles de kilómetros por siglo.

SOLLOZO



Astral... como emergiendo de una quimera,
el karma y la prostitución del ser; eméritos
marginales... dibujos seculares.

La planta inicua... se siente ignífugo el vivir;
mantos, estupefacciones, tremolar...

Auras... ya no sé que decir al respecto,
las secuencias son sólo suyas.

4.7.08

Invocación al vértigo. (Epístola que contempla un hermoso porvenir)



Arrebatado de la muerte.


Estaba sangrante, agonizaba y pedía, casi balbuceando, por alguien que nunca supo descifrar; estaba llegando a su fin; la aventura era ahora, una amarga desventura, una odisea sin retorno, el ciclo de la paz perpetua, el imaginario inconmensurable.
Apenas nació, sintió esas profundas ganas de respirar, que hacen la existencia más placentera, más dulce, pues trae aparejada la historia en sus comienzos.
No pedía nada, sólo fiebre; fiebre elevadísima, esa que ni el agua helada e hiperhúmeda de los olimpos, logra apagar; jamás vislumbró más que su amartelamiento con la vida, viajaba a través de la línea de tiempo con tal de llegar a destino. Y se manchó con naturaleza su existencia.
Plural. Más enfermo por vivir, que la propia fecundación; atrapaba imágenes en su ventana, sufría porque, en el fondo, sabía que el gran final llegaría.
El destello en su quimera trascendía inmaculaciones, que engendraría con el devenir; entre fructífera apoteosis, se lanzaba a emerger; pues pronto, muy pronto tomaría sus propias decisiones. La desesperante elucubración le brindaba, a veces, espacios para recurrir, al caer la mañana sobre su ventana.
Jugaba a la locura mientras la lluvia bañaba sus tibiezas; no aguantó seguir sangrando e intentó marcharse bien cerca; tomó una bala y la disparó hacia la eternidad; a partir de ese momento, la vida transcurriría a través del camino que esa ráfaga de hastío recorriera.
Estaba al acecho, la inminente trivialidad del yo; podría atravesar extensiones, montado en un corsario celeste, quizás arremolinar desórdenes, por el simple hecho de enmendar sus inquietudes, pero no acabaría más que intentando vivir por no lastimar. Y, sin embargo, sublimaba las ciudadelas que su ser recorría, las recreaba con villancicos que silbaba por lo bajo; ya vislumbraba el ensueño, no habría grises de ausencia, comenzaba a transitar la vida... el reloj viajaba sin agujas, y a velocidad neurótica.
El proyectil buscaba el reencuentro; al viajar lo recordaba con nostalgia; se extrañaban y era inexorable el cruce. Se marcharon a buscarse por las galaxias intermundanas... pero no había certezas de que fueran a verse las caras nuevamente.

El sueño descolorido(pronunciamiento en aras de la felicidad).

Y la bala se perdió detrás de la línea que precede al éter; menguaron la fe del viajero y la dicha de la pólvora errando por doquier. Se sacudían con el paso de los diluvios, andaban por andar andando- entre rarezas y prisiones mancilladas- a lo largo y ancho de la mente universal. Se sentían imprescindibles para la subsistencia, como si la sangre de uno, recorriera los conductos venales de la arteria que el otro atravesaba a paso lento; deambulaban con los pruritos a cuestas: por un lado, la vehemencia de un perdigón que decoraba astros y tempestades, con el acervo de un hombre hipocondríaco y pletórico de luz; por el otro, las vivencias de una bala, sepiadas en el arte de un alma que expresaba su historia en hojas blancas, pero rebosantes de colores.
Se imploraban al tocar la puerta de un nuevo mundo, deseaban concretar la reunión; entre adversidades y fuegos que quemaban tibio, comenzaron a entender que se encontraban vivos, con mucho aire que respirar, como rompiendo la quietud de las olas, como llorando felicidad que no conocían. En las calles, todos capitulaban ante el ocaso y mientras el sol se hiciera presente, el dúo se inmolaría por conocer las cosas más elementales del vivir; sabían que detrás de cualquier montaña, y al pegar la curva de la existencia, podían encontrarse con lo que tanto anhelaban: las concreciones de sus apocados sueños.
Costó demasiado que ambos sintieran, simultáneamente, el empujón hacia el conocimiento; necesitaban conjugar lo abstracto con cada paso que daban, la ruta podía llegar a poblarse de vicisitudes, pero era el paso hacia el renacimiento, y la catarsis tendría que hacer su papel.
En su paleta se hallaban todos los colores; podía ofrecer algún sueño desteñido y, aunque lo hacía de corazón, corría el riesgo de no ser correspondido.
Aunque fuese un fracaso, las consecuencias no serían nocivas, pues de eso se trataba su objetivo: vivir las adversidades de la gente envuelta en infinitas mareas.
Se lanzó a la vida, procurando hallar ese suspiro que disparó al aire... y entonces la vida se presentó ante él.

El camino(toda vida es un devenir).

La suerte estaba echada; a su lado yacían ya, y sin sentido, las oscuridades en manos del sol. Resultaba elocuente la escena: miles de nadies rodeándolo con ferocidad y sandez, como implorando matar la genealogía. Necesitaba de la compañía ¿ pero donde hallarla?.
Sin darse cuenta, se encontró en el primer cuarto de hora que resulta el acontecer profano; las imágenes, que se le presentaron como secuencias, eran siderales. Pero el vacío comenzaba a emerger, y no quería llegar al desenlace sin conocer el umbral.
-¿Estás esperando qué?. La dulce voz provocó sorpresa.
- No, no espero nada, es sólo que... bah no lo entenderías. Procuró evadir la interpelación, con una jugada maestra: la negación de su esfera.
No era normal, en sus cánones, lo que el momento estaba representando, parecía insano creer que así ocurría; no era para menos, en sus escasos momentos de felicidad, solo una persona le había provocado tales imaginaciones.
Se sintió excluido, pero inminente; como si una ráfaga le cambiara el rumbo... como si el corazón se entrecortara al verla. Fue en ese momento, cuando recordó su objetivo, que comprendió lo sensorial de otro modo. Ya nada lo vulneraba, resonaban muy fuerte en su alma, las cantatas del desierto que comenzaba a recorrer; y la mujer de extraño pelo y armónica voz, ya había hurtado un espacio en su mente.

Recintos implacables, donde caen los mundos en desgracia.

Se le había vuelto fácil el dolor; podía convivir con lo inimaginable, estaba suspendido en medio de un poblao, al que pocos sabían acceder. Se desnudaba en fervores implacables, como decidido a revivir momentos, segundos de su vida muerta en plena resurrección... el sentir humano, en su más pura expresión. ¿Y como no reír hasta flotar?. Si habían pasado millones de instantes sin padecer la risa enfermante, el ocaso bajo la piel, la desnudez de la campiña frente a sus ojos.
Caminó hasta la renquera, como si jamás hubiese probado tan delicioso tentempié. A su lado, innumerables cardúmenes de peces cósmicos- el desayuno en sus jugos gástricos, abatíale la mente- que representaban el rencor por una sonrisa que le había sido negada.
Y pensó en la mujer que años atrás le había preguntado con curiosidad, qué era lo que esperaba; entonces se le vino a la cabeza, en ese momento muy reflexiva, la descripción y el deseo perfecto.
- No temas mi doncella, no intentes escapar de mí; te encontraré en las profundidades del alba en cruz... y no habrá solemnidad que te apague, pues no quisiera que de mi camino te fueras.
Y prosiguió.
-¿ porqué será que los astros no aparecieron en mi cielo al verte frente a mí? ¿ Que escondes en la gran ciudad de tus ojos?. No quiero desesperar por soñarte, aunque me es sumamente necesario y grácil.
Ya habían pasado varias noches en sus sueños; pasaba el tiempo como ráfagas de almizcle. Su ambivalencia le representaba la inquietud de sentirse mejor. Pero¿ porqué tan extraña esa sensación? ¿ Qué lo llevaba a extrañar viejos anhelos?. No era el momento, tampoco el lugar, ya llegaría, muy pronto, la hora de la nada y el silencio.
El mundo comenzaba a verse demasiado alegre, no había lugar para celebraciones y confituras. La llama resultaba tediosa ya; sus ojos contemplaban el firmamento buscando una saeta de plomo que debía incrustarse en su substancia.

En colores(la resultante de toda vida siniestra).

Y se quedó un breve periodo. Su inquebrantable porvenir se veía invadido por una brisa que pretendía acabar extinguiéndolo. A veces se abría heridas en forma considerable, otras se maniataba por no volver a nacer, pero... ¿qué era lo que estaba atravesándolo, y como podría sobrellevarlo?.
Buscó y volvió a buscar la búsqueda incesante, el terror ambiguo de no desear lastimar a nadie y, sin embargo, todo aparecía en blanco y negro, como si le hubieran robado los matices.
Recordaba, con frecuencia, la dulzura de aquella voz lejana; suponía que, a la vez, ella también estaría recordándolo, y se entristeció por no poder concretar ese amor deseoso de concretarse.
Luego de errar por el horizonte, que contemplaba sin ton ni son, reemprendió el encuentro que, hasta ahí, se le venia negando; la bala, mientras tanto, se adormecía en cielos apagados, como si el canto del ruiseñor la meciera en sueños al ritmo de algún tedéum épico.
¡Cuánto era el sufrimiento!. En el fondo sabía que resignaba mucho por el deseo, por cierto cada vez más cobarde para él, de morirse; ya no era muy soñador, sus sueños habían sido despojados de su camino, y era una situación muy particular, verse en ese estado.

Donde los sueños se permiten un letargo.

Se permitió un respiro, y todo empezó a bajar su nivel de exaltación, ya se habían perdido en algún sendero plateado, las noches de mortaja y violín. El terror lo azotaba con apatía, ya habían transcurrido sempiternos millones de segundos; el agua no trascendía el cauce del río, y la lluvia despertaba singularidades en su responso.
Lloraba con dolor, sin miramientos. Sus manos cansadas le enseñaban el camino, la desolación permanente, la desidia de ser solo él... solo su camino.
Dejo el sufrimiento para otra ocasión, debería recuperar los sueños, pues estaban malheridos, afiebrados, con la llaga sangrante. No podría hacer más que volar y encontrar esa bala, pero nada sabría de sus sueños. ¿Y cómo dejarlos titubeantes, en medio del azar?.
Pronunciaba versos en medio de su locura incesante, lo hacia como para inventar nuevos sueños.
_ Llévenme, tomen mi sed y transfórmenla en mar; que brote vida en sus vientres azules, nada quedará en pie, necesito dormir y despertarme una mañana rodeado de silencios misteriosos.
Y vibrarán las paredes, las llamas y la naturaleza; todo caerá a sus pies cuando llegue el estío a mi insalubre mente inhóspita.
Que belleza rebalsaban sus pronunciaciones, cuanta elocuencia y pasión, a la hora de resurgir su más elemental sujeto. Y era en el bosque, donde daría forma a su nueva vida, pues sentía su cuerpo como un enorme rizoma, dando a luz en el bosque; fecundando ilusiones que irían tomando color cuando llegara el ocaso.
Allí reposaban sus incertidumbres, y muy pronto debería partir para siempre.
Dejó sus viejos bagajes en la inmensidad de la arboleda, y se marchó a procrear renacimientos, ya vendría el instante del reencuentro.
Sus sueños esperarían por él, en alguna ciudad supraterrenal.

Un lugar, mil historias y un ser alado que espera por alguien.

Como un féretro sin cuerpo, iba buscando su objetivo; la bala ya había viajado a través del cielo, solo faltaba el segundo fatal, pero no se concretaba el ansiado encuentro. A veces parecía que jamas ocurriría, otras se sentían cerca del otro, muy cerca.
Pero algo se interpuso en la ruta.
_ ¡Cuantas casualidades!. La voz tierna arrulló su momentánea calma.
_ No entiendo ¿es que siempre debes atravesarte en mi presente?. Respondió con soltura.
_ ¡Ja! Sabia que tarde o temprano volveríamos a cruzarnos ¿entonces no te alegra?. Ella sintió que no había comunicación posible, y aunque lo había buscado durante siglos, no creyó que el encuentro fuese tan frívolo.
_ No es que vaya a lastimarte, es solo que... no sé, ya lo comprenderás. A pesar de verla infinita y maravillosa, el no quería demostrar sus ganas de morir, no obstante, continuo.
_ Necesito otra luz, algo menos doloroso, a ver... implacable!!! Sí, eso. La palabra es, implacable. Por fin había hablado con sinceridad, y resultaba extraño ese detalle, aunque deseó por mucho tiempo ese momento.
_ De veras estás loco, jaja!. No te ofendas, es que provocas mucha alegría a mi triste vida. Ella hablaba sola, pues él estaba en Babilonia y soñando.
_ No, yo no puedo provocar alegría a nadie, creo que exageras tus comentarios, deberías hacer un juicio más profundo de las cosas. De cualquier modo, no vuelvas a repetírmelo, te pido por favor. Él se sentía asustado. ¿Porqué sentía livianos los pies, que extraño viento soplaba tan intensamente en su interior?. Quería descartar por completo, el disparate del amor, el cual estaba dormido hasta aquí, enterrado en alguna vieja historia que no volvería a repetir, pero algo le inquietaba el espíritu, como si una brisa lo acariciara, desde ese momento solo quiso besar el cielo, nada tenía tanta ternura como ese segundo de primavera en el hielo.
La contemplaba desde que sus miradas se fundieron en abril, él la había extrañado más que a su propio destino, y se encontraba dudando, reflexivo, con una mezcla rara de muerte y ganas de vivir abrazándola. Habían transcurrido mil años, pasado millones de lugares y alguien estaba frente a él.

Siempre alrededor de tu caudal(augurios dirigidos al amor como manifestación de lo que vendrá).

Su sombra parecía un lago infectado de sequedad; de pronto había desaparecido la humedad, otra era la etapa, se disfrutaban con solo verse.
El se dirigía a ella con atisbos simples, sin máscaras, el instante veíase decorado de incipientes modalidades. Las madrugadas con aroma a invierno proveían de indulgencia y almíbar. El sereno profundo que su beso imaginario representaba.
La magia de sus manos tenía otro aspecto, parecía perenne, vital para cada suspiro que se consagraban el uno al otro.
Y se animaron a relucir, sin límites, las inherentes cascadas que estallaban de ambos. Podrían temerle a la distancia, mas nunca olvidarían lo que aquella inmortal noche, que se prolongó por años, dibujaría en sus semblantes fulgurosos.
Se inmortalizaron con destreza, sin dolor que padecer, con vientres trémulos de sibaritismo; eran sus labios una interminable fiesta, y el rocío rebalsando de sus ojos, predicaba lo imaginable. Pero... ¿ llegaría el final?.
Ella era una fantasmagoría. Él... una conclusión inconclusa, sin más que una ciudad trazada en forma apócrifa.
Quería quedarse para in eternum, pero a pesar de los deseos personales, sabía que alguien esperaba por su alma en alguna luna imperturbable y argéntea.
Dejó en su mente una poesía muy aciaga, pero tierna a la vez; la que él mismo había disparado, vaya paradoja, en el centro de su existencia.
_ Y aquí me hallo, pequeña. Quizás no vayas a comprender las causas, y es que no pretendo tampoco justificarme. Es solo el dolor; la llave que no abre, víctima de una conspiración celestial. Quisiera abrazarte, tomar tu respiración a cambio de mi tristeza, pero ni siquiera poseo mi propio aliento.
Estallaré a través de tu llanto nocturno; los astros se verán pequeños ante cada recuerdo que evoque nuestra hermosa historia.
Recuérdame, estaré viajando a través de tu cosmopolita primavera. Llevas en ti, lo que no esperaba que llegue. Y se me hará difícil morir, si sé que estás viva.
Sobre tu piel ya no podré estar, aunque me cuesta asumirlo.
Pero cuando la sed se apodere de mi camino... rondaré el caudal de tu agua dulce.
No consiguió mirarla a los ojos, y se marcho sin rumbo preciso.

Lejos de casa, bien cerca de la vida misma.

Recostado sobre un respaldo de sepiadas vituperaciones, pues las había padecido desde su llegada y no estaba en condiciones de soportarlo, se detuvo a reflexionar acerca de aquel objeto mortífero que habría de acabar con su prosapia.
Y comenzó a sentir temor, se desesperó en forma permanente y paulatina. ¿ Que ocurría con él?¿ Adónde estaba el fantasma que lo llevaba a cavilar excentricidades?.
Se cansó. Dejó atrás toda realidad terrenal y emprendió la ruta hacia el encuentro.
A lo lejos se reflejaban los infiernos finitos, esos que supo afrontar con ahínco y lealtad. Ya no era él mismo, no cabía posibilidad de seguir mintiéndose, nada lograría de esa forma.
Mientras tanto, y en pleno vuelo de libertad, la bala lo vislumbraba y se preparaba a tomar la recta final de la travesía. Quizás podría haber vivido un período más, pero se encontraba desestabilizado, necesitaba la libertad que gozaba su verdugo proyectil.
Y corrió a través de los silencios, su única compañía fueron sus vivencias.
Su ánima le mostraba el futuro cercano, su marcha era cada vez más lenta; terminó arrastrándose.
Llovía desde sus ojos, el lamento de sentirse un mortal; ya era tarde. Si tal vez hubiera encontrado esa sensación antes...
No lograría contemplar el fruto de su creación; y pensar, que sus semillas ya habían germinado sus primeras raíces. No quiso mirar su propia impronta, era doloroso el último instante y no existía panacea posible.
Atrás quedaba la vieja posada.
En el horizonte, cada vez más cercano, se dejaba ver el hospicio que habitaría de ahora en adelante.
Algunos miles de años luz antes del encuentro, se miró frente al espejo. Comprendió que la soledad lo borraba de allí. Y lo único que pudo hacer fue extrañar lo que la derrota le había usurpado.
La estocada final. Su llanto era el de un hombre y estaba bien que así lo hiciera.
Pensó para sí mismo, “vos igual que ayer, igualmente vos”.

El alma universal: migración de totalidades hacia el cosmos.

Su vida cambiando para siempre. Qué liviano era todo ahora, conversaba consigo acerca de su amistad con la resurrección.
Mientras se acortaba el camino, que lo depositaría frente a las puertas de un nuevo ser, comenzó a oír la voz lejana que iba avisando al porvenir su pronta llegada.
Y pensar, que jamás se observó tan festivo. El paisaje, cuya textura se dejaba ver aisladamente, tomaba un matiz multicolor donde se destacaba la presencia de aquellos sueños que nunca creyó poder recuperar.
Sus sueños esperaban ansiosos el reencuentro; y la luna silbaba tonos cadenciosos, sublimes. La ceremonia avistaba temblores a lo lejos. Él, hombre despojado y con asombroso ímpetu, volvía a ser adolescente.
Sentía las locas ganas de correr la vida de pies a cabeza, a lo largo y a lo ancho, por todos los frentes.
Y la niñez se hizo presente, la melancolía ya formaba parte de los secretos de la vida que estaba por dejar. Miradas, gritos, luces, lo invisible en estado elemental; su tumba ¿llevaría su nombre, o su carne impávida buscando la esencia mundana?.
Ya tenía claro que encontrarse en el umbral, no tenía relación con la vida, pues reivindicaba la vida a partir del viaje a hacia el cosmos.
Iluso, taciturno, frágil, agonizante, anónimo; eran muchos los apelativos que a él hacían referencia, pero no podrían considerarlo jamás un cobarde, y a pesar de haber oído muchas veces el término, no detendría su peregrinación hacia la plenitud.
Junto a él, sus póstumos escritos; solo debía girar la llave y aguardar a la muerte de pie, hecho añicos o absolutamente entero.
Sintió una caricia en el alma. El ocaso daba sus primeras bocanadas de aire; en la hoja de papel quedaban retratados, en todos los colores, los irrepetibles instantes de dicha. Eran simples mamarrachos, colores conjugados en un arcoiris metafísico.
La bala atravesó su muerte, justo cuando estaba abrazado con todas sus fuerzas a la vida que lo contemplaría viajando a través de un reloj sin agujas.
Comprendió que estaba viajando, cuando vio el orificio provocado por el proyectil. Pero su cabeza estaba intacta. La bala en tiro vertical, lo condujo hacia el cielo.
Solo le faltaba comprobar eso: los hombres van desde la tierra hacia el alba, como una totalidad que se expande por todas las constelaciones, no tiene sentido vivir en la tierra sino morir en el remanso de la vida misma... el cielo.
Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo...

ALLEN GINSBERG "AULLIDO"