4.1.09

CRY AND FLY... HISTORIA DE UNA BURLA





Eyecciones, principios, sublimaciones y demás


Antes del sol me ocultaba bajo otros rayos, parecía, la luz, un remiendo difícil de sostener, como una paloma, como situaciones que se pierden en la profundidad de la noche clarificada.Me quedé quieto en medio del torbellino, todo se presentaba atroz. Una totalidad, mezcla de Cortázar y Blanchot, me regeneró el alba; la calamidad, resultante de la nada, apoderándose de mí. Eran sinsabores con sabor a fracaso, la inminente declaración de una muerte que se parecía a un rostro lejano pero heterogéneo. Divagué y vagué por los mundos del ser ansioso de morir por vivir muriendo; calles desiertas, muros más que inhóspitos, creciente angustia hasta estallar en formas amorfas, la diástole y la sístole latiendo a velocidad cero... de pronto la turbulencia omnipresente, el llano borrascoso, la quietud infinita. A medio metro del ocaso, la llama de Jesús se apagaba. Desgarrando jardines en el alba y embelleciendo fealdad, una vez que entendí la mortandad de la muerte, sacrifiqué mi ensoñacion; la cretinada del universo a favor de unos pocos hombres “festivos y omniscientes”. Me tenté desde que abordé la experiencia terrenal, a veces la dicha, muy en el fondo, la inmolación y el desarraigo; raro y deshecho de todo... el silencio de los presentes, que se ausentaron sin razón. Mi sangre invadida por lisérgicas emociones; la eternidad, momentánea, en poemas a cuentagotas. No sabia lo que era vivir, que ya había sufrido la vida embistiéndome. Eran los años del reconocimiento, de la experiencia frente al espejo...La luz no tardaría en aparecer y opacar mi propio devenir. Las golondrinas de Plaza de Mayo... año 79´, caras sin rostro, y mi yo naciendo en algún sitio de la “República cautiva”. Atrás quedaban los festejos de un triunfo militar, los gritos de los inocentes, migraciones forzadas y forzosas; ya vendría el horror de una generación hecho lágrimas, la búsqueda de los nadies, las reivindicaciones de los todos y el orgullo de ser un ser que podría no haber sido.

Aprendiz de caminante(cuando dar el primer paso tarda más de la cuenta)

Y me hice vital y dicharachero, hablante y niño; ya no era un proyecto, pues era un inicio... el inicio de mi respiración a la hora del reencuentro. Mis primeros pasos se llenaban de barro, de marginación, de sangre progenitora que me arrojó un grupo de reformistas, reorganizadores de naciones. El hombre de la libertad atravesándome, la falta de un todo reducido a nada... y la casa vacía de imágenes verdaderas. Una concepción que jamás respeté, pues la familia era, para mí, un estadio, una banal reivindicación cristiana, una infame creación pagana; el ocaso de la ultrarrealidad absorbente y pueril. Necesitaba calar hondo, como el recuerdo borroso calaba hondo en mi lacerada alma; quizás debí entenderlo desde un lugar menos sufriente, más relacionado con la dinámica de quien se sobrepone a todo, incluso a la adversidad de ser un hijo de nadie. Mi primera palabra fue hola, y desde luego significó adiós, hasta nunca, pues todos los hombres nacen muertos. Lentamente fui entrando en los cataclismos que la familia modeladora pregona, ¿por qué somos de alguien, y simplemente no somos uno?. Uno libre, un anti-amo, sin más que cada uno como forma de ser, y no un uno subordinado a un uno que se cree nuestro eterno dueño. El desconsuelo, el rebajo a una simpleza sin esencia, la llama extinguida con morbo y deliberadamente... a veces ante esto, no queda más que ceder, pues no siempre disponemos de elementos para afrontar lo adverso, más si de un niño se trata. Yo no era nada aún, ni siquiera tenía previsto emprender un camino. Recuerdo la maldad, arrogante, de mi entorno; que iba a ser un nadie, que estaba orate, que era un imprevisto, que la culpa, que yo... que todo. Muchas veces las lágrimas adornaron mi mirada, pocas veces emití llanto... era hora de volver, era momento de vivir de una vez, sin miramientos, con creces; mi sombra era invisible.

Entre llamas y universos, París atravesándome

Y caí en manos de una marea de hombres, muertos pero sagaces, que comenzaron a invadir la mente de un niño atravesado por la, siempre fructífera, literatura. Y entre Rimbaud, Baudelaire y Mallarmé fue surgiendo la chispa que me dio un toque de encanto artístico. Tenía apenas cuatro años, cuando comencé a leer con ahínco y destreza, parecía una bendición para mi familia, aunque terminó por ser una desgracia, pues con el transcurrir de la lectura, comenzaría a forjar mis propias armas refutativas, pero lo advirtieron tarde y no hubo más remedio que aceptarlo. No entendía nada de lo que leía, pero nutría mi lenguaje; cada vez hablaba mejor y era gratificante para mí, pues no sólo podía fundamentar mis opiniones, sino que también podía sostener en palabras, mis “malas acciones”, las cuales eran causa de permanentes ataques por parte de mi neurótica madre. Entre cinceles y gratitudes se empezó a desplegar el incierto, la elocuencia; la chispa comenzó a crecer con intensidad, rompiendo todo espejo que la reflejara. Y llegó la despedida de la era del aprendizaje, pues mis armas eran ya una realidad, un acervo de inquietudes que me llevaban a trascender más de lo debido; rechazo y repudio, moneda corriente y aceleración en busca de la sensación de no sentirme uno más... sólo en la vida, múltiple y contradictorio; Walt Whitman a través de mi ser. Con el último suspiro de piedad, me acerqué a la ignominia; casi desierta la noche... todo un meteorito para mí. La inminente atrocidad a punto de sucumbir... reminiscencia fulgurosa, algo en quien confiar... alguien en que morir. Mis brazos tan despojados de algo... tan grandilocuentes, sin pena que acobijar, y con la ansiedad de una tranquilidad hecha humo, errante, taciturna; La bruma bucólica anhelando ser materia. Soles, sin intersticios, me oscurecían el panorama, milimétrico, de la esencia... callejones aledaños, sin presunción de asilarme. Sonaban las primeras estrofas del himno al alba. Entre la herrumbre y la estrecha pesadumbre mañanera, me sentí un rizoma celeste, la vituperación colosal... retoño de los astros soñando almizcles. Era una ilusión, tan sólo. Un inmenso color descansando en la paleta de Mondrian.

Interludio adolescente


¿Desde que montaña procuraré caer ante la mirada, ciega, de Rimbaud desnudando mundos? Trepidaba y vislumbraba la tranquilidad de un remanso, vertiginoso y acéfalo. Mi primera incursión en las letras parecía inocente, aunque el gran Girondo me estaba guiando desde algún infierno; todavía lo recuerdo con la nitidez de la frescura juvenil, no “Juvenilia”. Era tanto el antojo, que mis anteojos murientes en mis ojos, han muerto a causa de ojeras. Entre el salto rimbombante del sonar de mi redoblante... calor rimante con sagas de ocasión, y un discurso recursado, en las manos de los Rembrandt; sin paletas ni palitos, con pelitos en el viento... y un sabor a vientre en venta, que vende vendas a los muertos por envenenamiento. Era el principio del fin, pues mi canción aún estaba sin fecundar, la voz disfónica del ser que jamás pudo gritar. La historia era la incertidumbre, la sustancia que daba vida a mi anonimato; parecía perecer en el periplo pedestre... otra vez Girondo haciendo de las suyas. No me hacía falta nada, aunque necesitaba más de lo que creía necesitar. Encapsulado en mi capullo, llegó el día en que debí abandonarlo, tal vez con zozobra, quizás con temor de salir a la vida sin más que un par de crepúsculos sobre la espalda. Mar adentro e insalubre, los primeros escritos comenzaron a ausentarse de su propio vientre para hacerse intangibles, pues soy un convencido de que la poesía, al salir a la luz, se hace inalcanzable, salvo casos excepcionales. Anodino y con la duda cada vez más permanente, encontré hospicio en mis nacientes primaveras grisáceas, parecíanme algo grotesco al principio, aunque epicúreas y sutiles al emprender el camino. Rayo de amor, sueño de amor... entre mis venas un labio sin sed; sombras sin sol, luces de amor, me llevo el cielo en mi calle de amor... La apatía en la ciudad, no recuerdo donde estás... sueño de amor, sueño en amor, sueño tu amor? Los ruidos lejanos... cacería de lobos a manos de corderos; la urbe comenzaba a ponerse peligrosa. Tentempiés para los hombres, clamor de la lluvia, la intensidad en imágenes sensoriales y mecénicas. Llevaste la impronta mía en tus pasos, sin darte cuenta eras yo; me daba vueltas lo estático... extraña paradoja.

El viaje en tren

En la ruta al fin... especie de freak show extendido a atmósferas insuficientes, la irrelevancia de una sospecha inoperante; cuando quise malherir no logré ni siquiera raspar, era evidente que el mundo aún no comenzaba a atravesarme con su huracán de inocencias macabras. Atorrante sin despecho ni condición, la trama ambivalente desorientando mi constelación... el norte de la desesperación y el andariego etéreo. Solventando idioteces que fueron consecuencia de las habladurías del imaginario fútil y denigrante... plasmando vibraciones en mi grieta ascendente; el viaje hacia lo interminable. Había cumplido mis promesas de no-sumisión, a menudo llegaba al fondo de la depresión con pasos breves, “... gratitud ingrata de la gracia grisácea del gris adalid... la incertidumbre inserta en la certeza de sentirse cierto(...) sabiduría de un sapiente subido a la savia de una corteza sabatina, en el año sabático...”. Es demasiado tarde – me dije en algún momento- para asemejarme al alba. Lo único que me separaba de la, siempre sagaz, muerte era la brisa de alguna estela corporal a merced de la luna; los ángeles verdugos, siempre rondando por todos los frentes. Muy grandilocuente e incoloro, quebré las estructuras de la fortaleza haciéndome fortaleza misma... ayeres que se adormecían en amores ocasionales. Ya era metáfora; una ceniza alcanzando la uniformización, unilateral, que me asemejaría al mundo infeliz. Pero no deseaba participar de su tediosa primavera... la llama poseída de mí, el fervoroso inclaudicable, mi grito podría llegar hasta Odín en cuestión de segundos. Entre sonetos y vaivenes, lanzando clamor y ser a la nube; mi tren a toda marcha por un valle sazonado de ambigüedad. Triada paleozoica; en la ciudad me hicieron desconocido. Un Mayo Francés retomado en la adolescencia. Somos un soy nadie... si supieras lo que extraño extrañarte...Me siento bonito al embellecer tu recuerdo. Ahora que era un joven implacable y varonil, tenía tiempo de no dejarme avasallar por el momento estático de la cruenta magia de la modernidad. Emprendo tu ternura a partir de ayer. Tengo tu llave en mi sien... sos mi yo configurado en poesía. Te extraño y te reextraño, mi viaje en tren transmutándose al presente.

Dorado en la noche


El cliché del amor vago, la sedienta inmortalidad de sentirnos muertos. Tras los pasos de Capote... a sangre fría, taciturnos e infieles. Ah... el romance perfecto. Un color reinando en la oscuridad; el grito de los trémulos... hoy como ayer, mañana como siempre. Podría hacer una retrospectiva extensa, mas no tengo demasiado que decir al respecto. Sólo puedo hablar de vos... en pasado, presente, futuro e inventar una nueva normativa verbal para hacerlo. Llamamientos a la distancia... cuando subía la montaña, algo me detenía, se retroalimentaba de mi opacidad; Artilugios indefendibles entre la maleza creciente. Cielos ultravioletas maravillándome la incipiente desazón... que raras frecuencias yacían a mi lado!!! Y sin temor ni resquemores, me senté sobre el dorado reinante y trascendente que hechizaba la noche, justo a la hora de la siesta boreal. Pero mi ostracismo no me elevaría más que hasta el nivel del mar. Desde ese momento, y hasta que el dolor se apagara, vendrían a mí, los clamores de la tempestad trasunta y senil. Lamiendo el suelo de los marginales y sin fronteras a la vista; a veces hilvanaba presiones por el simple hecho de sentirme atmósfera... el clima era cambiante, ascendente, necesitaba a Joyce saliendo de mis diluvios. Hazme lacerante y pantanoso, necesito aquella dimensión que me conduzca al naciente... y doblas mi esperanza como una hoja de papel. Te ves hermosa a pesar de no ser más que un recuerdo en mi bóveda. Un jinete nos lleva en sentido opuesto; ¿que más habrá que ver por delante para comprender que nacimos bajo un ramillete de bosques áureos? Y seguía imaginando fuegos dentro del dorado...Pronto advertí mi presencia, y supe que debía volver... mi sujeto hallábase inconcluso, como si una ráfaga de remolinos lo borrara; el desarraigo, la inmutación, todo me quedaba lejos y se alejaba más con cada latido. Sigo este monólogo sin piedad, me contemplo en la oscuridad como un dislate sin corazón. Pasó nuestro momento... y la vida se esfumó de un plumazo. Callo por no reincidir.

El reyacimiento(la muerte victoriosa)

Cada vez que la catarsis tocaba mi puerta, como por arte de magia, algo me interrumpía el acto cuneiforme; como si no pudiera vibrar en aquel momento, como un inaudible silencio. Los defectos comenzaban a aflorar mi patio, flameante como un tallo virgen y sediento de contranaturas irascibles. Demonizado por el éter de los impecables morales de quincalla, una buena vez decidí quedarme en mi Katmandú inmóvil, aguerrida, ineluctable como tormenta. La gracia de tener un sol al cual extrañar, era la panacea necesaria, aunque insuficiente y débil, hablando en términos formales, pues nada me conformaba; sólo la diligencia gentil de las olas en mi mano, dibujándome incertidumbres futuristas en tiempo condicional, aunque a menudo surgía el imperativo-aseverativo. Me separé en forma recurrente de Dios, no quería su compañía; parecía mi cara, el hastío mismo, cuando mencionaban al “Supremo Creador”. Postales en la ciudadela; el rencor ensombrecido por un mural arcaico y trufado por el resplandor. Nos sentíamos secos, mi alma y mi yo... la celebración de un fracaso tras otro, el desconsuelo de una mente homeless; la vulgaridad entre una comunidad caníbal, que pretendía saberlo todo. “Larguémonos chica hacia el mar... no hay amanecer en esta ciudad; y no sé si nací para correr; pero quizás, sí que nací para apostar...” Las líneas ibéricas, como condición para seguir atravesando rutas... hoy era muy tarde, tardarían demasiado en llegar. El momento en que del baúl surge lo misterioso, aquello que andaba buscando y, sin poder descifrarlo, se nutrió de balbuceos que algún mago caído en desgracia, abandonó en la llaga de mi alter ego. Las páginas de un volumen vacío, totalmente en blanco y manchadas de panteísmo superfluo. Acepté todas las condiciones, jamas enterré ni excluí a nadie... pero la imagen detrás del óleo era vanilocuente. Eran poco más de las doce de un veintinueve de febrero, me detuve a cavilar unos segundos... mientras las secuencias aparecían como una ráfaga de diapositivas... el almanaque marcaba esta fecha: 30/02/666 a. C. El reyacimiento soslayaba la resurrección.

Ignoto duende nocturno

Hazmerreír entre la multitud... cuando la gente evoca idioteces, la colina se torna oscura, previsible, un desencanto crepuscular. Visitaba un riacho abandonado por las tardes, allí me sentaba a copular con las sombras volátiles; épocas de sed y clamor menoscabado. ¿Habría una maga en el paisaje? Quizás... o quizás no, pero ¿para qué preguntarme los motivos? Si eran evidentes. Comencé a asumirlo de esa forma y sin ningún tipo de duda; tendría prosperidad o altibajos, ascensos y figuraciones, misceláneas transmutando segundos marginales. "Si me perdonas y me das otra oportunidad... mi amor. Prometo escribirte una canción, diciendo que ahora acepto la derrota... pero sólo si me perdonas". El verso de Bunbury apaciguando las calmas aguas del valle. Al caer la noche hice el tramo que me conduciría hasta el no sé; era un raro nombre para una ciudad, como si de nombres se tratara. ¿ Cuantas veces podrá el hombre simular que no se siente insignificante? La lección de amor era demasiado difícil de llevar adelante, me podría proponer incontables recursos para abordarla con claridad, pero ¿ cual era el fin verdadero, serviría, o habría que volver a caer para levantarse? Actuando en la clandestinidad actual, el momento admiraba yuntas de opio celestial... y entre surrealismos antropomórficos, comenzó la danza de las tinieblas trilladas. Jardines de Bruselas en mis lágrimas cada vez más asfixiantes; pues a pesar de mantenerme en pie, era doloroso el continuar como si no quedara la impronta. Autodeterminación, contagio, ensombrecer, resabio de luz... admito que mi duende era mediocre, pero era mi duende y solo era mío, el más infame de ellos, el de colores verdaderos, el esencial, cuya magnitud quebraba estructuras. Solíamos charlar de artes- era una eminencia en letras- durante los minutos de inconciencia, recuerdo con precisión un consejo suyo, cuando el amor me bajó la persiana... Nunca te enamores del amor- me dijo- suele disparar a quemarropa en la sien de la libertad. Entonces puedo afirmar que mi duende fue el factótum de mis fracasos, el que hizo que se eleven por sobre la pestilencia omnipresente. La verdad es que todo lo referido a mi idilio con la muerte, pasa desapercibido ante lo que opaca mis ambiciones. Escribo porque soy sujeto, tal vez extrañe a mi maga, pero Cortázar la amó antes que yo

En el llano y sin fronteras


Me encontré desolando paisajes. Mis quimeras encerraban momentos insuficientes... I just don´t know what to do with myself. En la neodiversidad encontraba refugio para el Nietzsche naciente en mi discurso, la ausencia de pormenores atravesaba la insolación de mi hemisferio. Alabanzas y dualidades, la ambivalencia del sujeto o la unicidad de la institución clerical. Te dije hola en silencio y comencé a recorrer tu boca con desenfreno; no lo advertías, preferías mirar hacia otro lado. Yo te miraba salir al balcón, la urbe era de papel... rara escenografía. Lo extraño era que no aparecía mi reflejo en el espejo, la hechicera que me borraba de él estaba activa y con ganas de empeorar mi rumbo. La dicha de los inocentes; mi región occipital en trance. Una puerta exterior abierta a la esperanza despojada de mi azar. Era momento de transgredir lo normal, pero ¿con qué fin? Tu figura, adonis del comienzo, de la respiración iniciada, como si fueras a responsar bajo la llama inerte de los nacientes rayos del sol. Breathe under water till the end... there´s a place around the universe; Oh my sweet princess ¿ do you remember when we´ll be in África? I don´t care the pain... because i´m the king of pain. Saliente en la odisea que tu suavidad provocaba, me hiciste un tramo de tu largo camino... y ahora debo decirte adiós, vaya paradoja!!! I see you on the dark side of the moon... Karma en el certero cosmos; cuando ibas, yo estaba volviendo... me llamaban los muertos que resucitaban en cada pronunciación. Tenías en tus manos la puerta grande hacia la eternidad, podríamos haber cruzado la frontera que de ella nos separaba, sin embargo, el miedo pudo más y bifurcó nuestras direcciones: vos hacia Tokio y yo... en realidad no lo supe jamás. A pesar de haberte echado de menos, sentía la necesidad de sentirme lejano por unos siglos... no deseábamos encontrarnos, aunque intentábamos soñar con ese momento. Pero sólo si me das un poco de tu cariño... lo demás no importará. Aunque parecemos dos arrogantes que no se dicen la verdad, somos lo que miles de millones de estrellas esperan por ser desde hace millones de años: la verdad, la inconciencia, el beso frenético, tal vez lo ocasional del amor sincero. Pero nada nos distingue más que ser el llano de una red de mundos que perturban a la marea.

Cauce que irriga traiciones(el mundo de los adultos en celo)


Habré estado unas semanas sin dormir, si me necesitaban no iba a estar para nadie; el instante de la calma interior y la cerrazón perpleja y profunda. Entre las cuestiones de la gente y mi dolor, sin duda elegía lo segundo, pues no hacia falta más que un poco de mi propia medicina, de modo que nadie era posible en mi estricto cadalso. Parecían las noches algo desenfrenadas, si no llovía era cuestión de aguardar un segundo, que ya estaba mojando mis mejillas con flagelaciones ubicuas. Fueron semanas de constantes desasosiegos, urgentes mimesis y ausencia de arcoiris. La parodia de Sócrates en primaveras rebosantes de cicuta. Al despertar me hallé rodeado de siluetas no deseadas, ya comenzaba a recular mi paciencia, no lo soportaría de ninguna manera y, sin embargo, se confabularon para callarme. Lo lograron en parte, ya que si decidí hacer silencio, fue sólo para alejarme. Me marcho y no pienso en el regreso. Ando en busca de grandeza, y a la tristeza... le digo adiós... No intentaría integrarme, pues su postura parecía un “collage de la inquisición”, así que remé hacia las fuentes de agua dulce, ya que su mar de pangermanismo echaba sal en mis venas. Eran los tiempos de El jardín de los presentes, en los que mi cordura parecía descomponerse en prosas de doble filo. Por las noches, cuando la escoria dormía, mi mente viajaba en múltiples direcciones; honradamente y sin texturas, con las manos abiertas a la tempestad reinante y tramposa... ellos con su Dios, yo lamiendo tormentos. Nada más desconcertante que viajar en el tren de los adultos sin pasaje ni fé, pero no tenía otro modo de hacerlo, prefería no tener banderas ni patria, tampoco raza ni condición, necesitaba descubrir el punto en que el asombro y la nada coincidieran. Mientras la sumisión del imaginario se desenvolvía en la mediocridad, yo observaba desde el cielo, lo hacía con socarronería, con rencor, por el sólo hecho de no ser reflejo de su incoherencia. Era agradable no ser parte de sus puñaladas, con las que acostumbraban a asesinar al distinto. Pero al volver al letargo, me dormí en la infinidad de mi poesía obsoleta, pero sincera. Ya no sería mi sombra un lugar para sus persecuciones, los borré de un plumazo y no con sus actitudes... hombre libre y con sustancia.

Ahora importa el mundo

La intrascendencia me llevó tan lejos que sin notarlo, me encontré temblando en lo inhóspito de algún paraíso humeante. Sentí que la horca me había trastocado lo increíble. Antes de mí no había nadie, salvo Sartre y Camus en plena disertación sobre Calígula. Cuando comprendí lo existencialista de la cuestión me dejaron solo y perdiendo oxigeno... era sólo animal sin resguardo, cualquier depredador acechaba. Veintidós horas diez mil minutos... el laberíntico recorrido hasta la posada se hacía rogar. A mi lado pasaban innumerables secuencias, parecía una gran película de Fellini, o quizás una de Lang. Parecía que el demonio se había acordado tarde de mi muerte, pues sino podríamos haber ido a alguna taberna a emborracharnos lo suficiente; sólo pude tomarme un cortado con la funeraria antes de partir. El viaje imaginario... hace veintiséis siglos que no tengo una alegría. No espero más, nada de nada ni de nadie, sólo que tus manos coloquen alas sobre mi espalda, y así salir al mundo exterior. De pronto una gran montaña, ¿sería ese el lugar donde pasaría mi nueva etapa espiritual? No quería suponer demasiado, pues no acostumbraba a hacerlo, sólo en ocasiones donde la inmolación sobrepasaba los límites de lo real. Al llegar al fin del laberinto, aprecié lo hermoso de no respirar... de hecho sentí con intensidad las insólitas ganas de expirar, lo que me llevó a recordar lo que deseé en vida, cuando aún era un terrenal que mataba el tiempo matándose. Duermo y no dejo de dormir, ya no quedan más recuerdos que los futuros, deberías encerrarme en alguna celda; when the river talk with angels, my place burns and cry. Ves con melancolia lo que no he de brindarte, pues mi sueño se ha profundizado, no desea sino seguir siendo sueño; una dosis de adormideras... y la luz se hará fantasía. En otro lugar de la constelación que me acuna, un anciano se columpia entre las estrellas, rompiendo la creciente misantropía de los crepitares otoñales. Fanfarria de amantes en el azur... ahora importa lo que no cuidamos. He de volver en formas amorfas, tal vez en colores genéricos; no espero del mundo más que la pena que me prometió al nacer. El féretro está cerrado.

El despertar naciendo de nadie

Entre la introspección y la colmena. Puedo ver más cerca de lo normal, al ser deshacerse, miradas que trepidan a los ojos de los ausentes... arde la inconsistencia del humano, provoca deslices en su antología. Mientras se modifica la letanía, oigo con mi semblante la caída del muro. Los ayeres, amilanados, a mil años de renacer, ¿y como es que subyacen lo coherente, sin más que un recíproco adverso?... quizás no tuve coraje para enmendar mis frustraciones y estoy pagándolo caro. Otro whisky y ya estaré padeciéndolo otra vez, me pueden vociferar... que no estaré atento a lo que me digan. He muerto sin previa condena y todo se lo debo a Dios. En ocasiones quise hacerlo añicos, pero es todopoderoso y su ejercito de fieles habríame liquidado con la misma rabia que yo lo hubiera hecho. La troupe de facinerosos que éramos para la inmensidad ha caído en desgracia, ahora no tendrán que preocuparse por la alarma de nuestra existencia. ¿Quién creerá que ya somos historia? Ahora que estamos vagando por un paralelismo etéreo, seremos sustancia y no, humanidad, pues la hemos perdido al nacer entre fascistas, segregacionistas, inoperantes, mudos, excéntricos y moralistas... ha resurgido la figura de lo vanguardista en nuestra respiración; las voces ya son un grito que arrasará multitudes, no hemos de acabar con ellos, sólo reivindicamos la magia de ser, la memoria, la fantasía, el derroche, la noche, la melancolia, el absurdo, la fiebre y el cúmulo de genealogías que atraviesan la sangre. En la ciudad de los anónimos, estamos llenos de todo; un gran poeta cautivo invadiendo las almas absortas. Y serán los depredadores la injusticia y el silencio... nosotros el carnaval negado, brillando por doquier. Nacimos de nadie porque nacimos de nosotros, nos hicimos madera, río, quimera... porque nosotros mismos lo decidimos. Vemos el fulgor de lo desconocido, sabemos que pronto habrá nuevas olas. El rincón del universo que abarca Londres, París, Pretoria y a Sade... close my eyes behind the window; i was doing time in the universal mind... i was feeling fine...La fábula se hizo burla... y ahora que estoy vacío y bajo tierra, ¿ soy mito, aliento o simplemente nadie?. Llévame flores... aquí nace el porvenir.

5 comentarios:

Radio Bemba dijo...

Que decirte... tantas cosas...
creo que en alguna otra oprotunidad ya te he dicho que estoy orgullosa de vos, espero vos también lo estes de vos mismo. Un mal que dure 100 años???, puede existir pero esos 100 años pasan rápido y ahi es cuando tal vez hasta sin darte cuenta de repente la respiración se te aliviana, y deja de ser ese moho que parecia ahogarte...

espero hoy sea un buen día para vos.. un gran abrazo de gol (hasta con cantitos de: salimos campeones!!)

Melodìas vibradoras dijo...

Estoy super apuradaa, leì el primero nomàs y me gustò.-
que estès genial!

JADE dijo...

es largo... sumamente largo, pero esto es lo que Blanchot provoca en la mente de un sujeto de mi estilo... bah, no se a que estilo me refiero...
disfrútenlo, es hermoso este relato... y eso que me dedico a la poesía, pero esta vez surgió... mi cabeza es así...

Radio Bemba dijo...

Vi reflejado en el (texto) parte de vos, entiendo porque te toca tan de cerca en tonces... de lo q se de tu vida, (y masomenos de la mia también)
con eso masomenos me las arregle para ponerle todo el entuciasmo en leerlo....
entre nos: ayer a la mañana lo imprimí, todo pg x pg, para q sea mi lectura de colectivo, pero mis ancias no me dejarón tranquila, y te digo q para el momento que estaba viajando ya iva la trcera vez q releía y estaba entoces encontrando parrafos favoritos.

CAS dijo...

Que lindo viaje Jade...quede impactada. me llevo dos dias leer esto y todavía nose adonde llegue...y lo mejor todavía: todavía nose adonde estoy yendo... Fuiste al cine? Seguro que viste Crepusculo no? Algo me dice....

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo...

ALLEN GINSBERG "AULLIDO"