
Recién inicio este espacio y es muy gratificante expresarme sin reparos, intentando volcar cada simbolismo que emerge de mi ser...
Empiezo a despojarme y me sitúo donde soy inalcanzable, procurando develar la dirección del laberinto.
Quizá vaya a permitirme un gesto de libertad, de locura, de incipiente desmedro.
El depredador que viene a devorarme la mente se remonta al cielo, cual color infinito y me ahoga en un sonido turquesa...
Es cierto que no me brotan ganas de actuar últimamente, también mis propios pensamientos emergen acéfalos y cambiantes.
En algún momento puede salir a inquietar mi disposición al suicidio.
Como ese rato de inspiración que, tan sólo, dura un santiamén; Los bríos que irrumpen de un mortal proclive al espacio inhóspito, al deletéreo devenir, majestuoso y sensorial.
Vida útil y ambigua, un plenario de imágenes que se marchan en seguida y mi existencia... llorando por los rincones.
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