
Candor renaciente en una metrópoli que nos asila; claro fulgor de la inclemencia, cuando debí pronunciar palabras me deje vulnerar por el recelo.
Vi en el aire, decenas de flores sin rumbo, con sentidos vacuos, como si la primavera las marchitara; como si la noche las transformara en jirones de lo que jamas volveremos a ver.
Sabes que despierto amándote, estoy dormido y recuerdos me empiezan a provocar turbulencia mental; te veías tan candente el ultimo sábado...
Ayer me fui del poniente y emprendí la infinidad de tu mirada paciente.
Abandonaste mi onirismo. ¿Cómo iría a intentarlo otra vez, si me dejaste soñando mas de mil noches?.
Y, sin embargo, no quise olvidarte; me deje caer y continúe expresando mi falta de tu respiración en bucólicas trascendentes.
Perdí mi senda y mi cosmos en tu dichosa dimensión, en el ser que te adorna de ramblas sepiadas.
El momento áureo habrá de llegar; no tengo paciencia, pero debo esperar... soy efecto de tus caricias, soy ciudad de tu brisa elevándose ante el firmamento.
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